-
La carpa azul
Fecha: 31/01/2024, Categorías: Confesiones Autor: Leo211, Fuente: CuentoRelatos
... a normal le llamamos qué no le quité la vista de encima a Laura qué me sonreía avivadamente, cada vez que Noa le susurraba al oído y se sorprendía socarronamente. Eran cómplices del placer. La hora pactada llegó como a la vez cien qué mire el celular, salí casi arrastrado del cubículo para cruzar al profesor que terminaba de calar su cigarrillo y más a prisa qué el viento qué había comenzado a soplar del sur desapareció tras la lona azul que contenía a mi esposa. Entré en la choza de la felina qué me esperaba dispuesta y desnuda, pero estaba tan nervioso qué no podía articular palabra y quedé expectante del escándalo qué seguramente vendría del otro lado del telón. Los minutos transcurrieron sin trascendencia, la gata se impaciento y yo no podía lograr una erección acorde para perforar aquél tajo pelado de la joven que me esperaba en la oscuridad. De pronto el grito de mi mujer anunció que el inquilino llego a la meta y fue el primero de varios que escucharía esa madrugada. Los gemidos los regaba el viento una y otra vez como voces de desespero y yo ahí con la veinteañera en ascuas. No sé bien cuanto tiempo pasó, pero cuando volví del shock los gemidos incesantes de Carolina se confundió con las palabras de la chica. –Pah... Se la está recogiendo! Encendí el celular para descubrir la media sonrisa de Lau y separo ambas palmas de las manos como a treinta centímetros, evidenciando el trozo qué estaba enloqueciendo a mi esposa. Preso de la desesperación corrí a mi ...
... carpa, a medida que avanzaba más claro se escuchaba los azotes enajenados del barbudo y los grititos histéricos de mi mujer. Sin pensar en nada entré y jamás olvidaré las piernas levantadas de esa mujer, con el miembro desconocido del sujeto totalmente dentro de ella. Mirándome acostada con sus labios hinchados y sus grandes tetas a la deriva, el profesor con las bragas de encaje desgarradas en uno de sus puños alzándolo al cielo como un trofeo de guerra y yo ahí incrédulo y completamente aturdido. –Basta! Grite desencajado. Pero ella totalmente ronca e inconexa suplico que le dejara acabar. –Déjalo! Por favor... Y estiró sus brazos hacia mi y así fue como aquel robusto semental, retomó su empuje enloquecedor. Mi mujer gritaba mirándome a los ojos y arañaba mis antebrazos ante el implacable embate. La tremenda domada llegó a su suplicado final con sendos gritos de los participantes, el barbudo extrajo su largo y grueso miembro de las profundidades del dilatado coño de mi esposa y lo sacudió escupiendo semen en las nalgas sudadas de mi señora que en ese entonces la desconocía. Después de haber acabado le dio dos nalgadas y se dejó caer encima en medio de un recital de respiraciones, intentando tomar aire. Luego de unos minutos se incorporó y sin mediar palabra abandono la carpa. No nos volvimos a ver ni hubo despedida. Nosotros nos fuimos de inmediato y trato de no hablar de ello pero cuando se acerca turismo o en alguna película acampan aflora el recuerdo y me mi ...