1. La rebelión de mi madre (VIII): La mano de mi madre


    Fecha: 05/02/2024, Categorías: Incesto Autor: hectornieto, Fuente: CuentoRelatos

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    Tras ir a vigilar que mi madre no se desmadre en un disco bar, y luego de varios tragos, termino llevándola a su casa, en donde me invita a quedarme a dormir, para no tener que volver a mi departamento.
    
    Allí al lavarme los dientes, la presión del agua de la canilla empapa el bóxer blanco, dejando transparentada la prenda dejando apreciar lo que había de fondo.
    
    Al ir a mi cuarto a descansar mi madre me llama a su cuarto porque una remera se le enganchó en un aro y quedó inmovilizada.
    
    Vestido solo con mi bóxer blanco húmedo voy hacia su cuarto y la hago sentar en la cama, con sus piernas abiertas me permite acercarme para trabajar mejor y desenganchar el aro de la prenda.
    
    La escena concluye logrando sacar la remera por sobre su cabeza, y dejando a la vista una escena incómoda.
    
    Mi madre sentada en la cama solo con su ropa interior violeta de encaje y sus piernas abiertas.
    
    Yo entre sus piernas parado, con mi bulto a escasos centímetros de su cara.
    
    La luz tenue del ambiente lo hace todo más confuso, mi madre mira mi bulto, levanta la mirada a mis ojos, vuelve a mi bóxer blanco.
    
    "te mojaste mucho parece" dice con la voz entrecortada.
    
    Sus maduras manos se acercan a la tela del bóxer para chequear cuánta humedad tiene.
    
    Sin sacar la vista de lo que tiene a 20 centímetros, desliza dos dedos cruzando la tela para chequear hasta donde está húmedo, a pesar de que a la vista se ve que está casi todo mojado.
    
    Llega hasta mi tronco que se ...
    ... transparenta, mis 20 centímetros están al máximo y haciendo tensión con el elástico.
    
    Dos dedos de mi madre se quedan encima de la escasa tela húmeda blanca que separa mi miembro de su tacto.
    
    Siente seguro el calor, la forma.
    
    Va hacia abajo recorriendo todo el tronco, ya no son sus yemas sino que inclina sus uñas como un felino que quiere arañar suavemente.
    
    Ese instante hace que la cabeza del glande venza al elástico del bóxer y salga a la superficie, haciendo su presentación a la vista y el olfato de mi madre.
    
    Esa cabeza la hipnotiza porque se queda paralizada.
    
    Su respiración se agita, su pecho sube y baja haciendo gala de sus enormes tetas que apenas pueden ser contenidas por el sostén.
    
    No me mira a los ojos, solo vuelve a subir sus dedos por el ascensor de mi tronco, hasta el límite del bóxer, hasta donde asoma el glande.
    
    Allí levanta la mirada, no dice nada, solo me mira a los ojos. Y en ese segundo eterno de mirada cruzada se atreve a romper la barrera de lo prohibido.
    
    Sus yemas tocan mi glande, lo que produce una explosión de líquido preseminal.
    
    Mi madre lo nota y usa ese líquido para lubricar toda la cabeza que está más roja y grande que nunca.
    
    Juega con la textura, con el calor, se embriaga con los olores.
    
    Su otra mano entra en escena, para hacer el trabajo sucio, baja el bóxer de un tirón y lo deja en el suelo.
    
    Su mano hábil, nunca soltó mi pene.
    
    Se quedó allí, ahora participan todos sus dedos, toda su palma, intenta cubrirla ...
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