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Rescatando a mi hermana y masturbándola
Fecha: 24/02/2024, Categorías: Incesto Autor: ghesuita, Fuente: CuentoRelatos
... comenzó a llamarme efusivamente entre gemidos y palabras entrecortadas. Despegue con cuidado la cinta… Me pusieron precintos -suspiro. ¿Con qué carajo los corto?, no tengo nada- maldije Escucho pasos -susurro Laura- Ahí vuelven -poneme la cinta, tapame la boca, dale Hice caso. Laura comenzó a gemir llamando a Malvina pero ella siguió de largo. Volví sobre mis pasos y le saque la mordaza a mi hermana. Ok, vámonos de aquí, después busco algo con que desatarte-susurre. Salimos por detrás, yo tomando de las manos precintadas a Laura para evitar que tropezara. Media hora de caminata entre los matorrales y cañas bastaron para encontrarnos solos y desorientados, la noche helaba. Tiritando divisamos un galpón. Para nuestra sorpresa no fue difícil escabullirnos. Laura se recostó sobre un sillón a sorber mi reserva de agua embotellada. Encontré un alicate; instintivamente y con cierta sumisión en su mirada , mordiéndose un labio, Laura acercó las muñecas y corte los precintos. Se reconforto las muñecas laceradas. Nos dolían las muelas de tiritar y la noche ...
... recién empezaba. El juego se había vuelto una pesadilla. Es mejor que nos tapemos- sugerí y lleve una colcha vieja al sillón. Nos recostamos uno al lado de otros enfrentado y en silencio. Nos miramos a la cara, el labio inferior de Laura sangraba por lo que llevé mi mano a su boca y la cubrí. -Es la cinta, me lastimo cuando me sacaste la mordaza - susurro Laura. Yo sentía su cuerpo caliente próximo al mío, intuía su sexo también y eso me incomodaba, apenas podía mirarla a los ojos. Era una mujer hermosa y también mi hermana. Nos miramos un rato. Puse mi dedo índice entre sus labios para que dejara de tiritar; ella siguió mirándome cuando repentinamente comenzó a succionar mi dedo. Con esmero, gimiendo, acariciando mi brazo, Laura siguió con el felatio dactilar. Mi pene se endureció, aún más cuando ella apoyó su mano. Comencé a hurgar dentro de su pantalón y enseguida estaba masturbándola, ella gimiendo, mordiéndose los labios carnosos y rojos, con aliento fresco. En lo mejor, escuchamos ruido y nos detuvimos, justo al borde, ahí nomas de la orilla del Rubicón.