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Unas vacaciones con mi madre (6): El paseo
Fecha: 05/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Alfil-1, Fuente: CuentoRelatos
... lascivos. La mano de Carlos llegó hasta el centro de los muslos de Elena y tocó los labios genitales a través de la fina tela del tanga. Fue un roce suave y lento, que Elena agradeció abriendo levemente sus muslos. Carlos se dio cuenta de que Elena quería seguir, pero estaba algo reticente. – Estás casada? Preguntó de repente. – No, separada! Contestó ella con rapidez volviendo a cerrar mínimamente los muslos. Carlos notaba la tensión en el cuerpo de Elena. – Tranquila, esas cosas pasan cada día. Y va siendo muy habitual. – Bueno, es que… - Lo entiendo. La corto Carlos sin dejar que siguiera. – Supongo que llevas tiempo sin estar con un hombre! Elena no quiso decirle nada de su hijo, “ Que pensaría de ella! “ Su cabeza trabajaba a gran velocidad antes de contestar. – Pues la verdad… es que si. Desde que me separé… mejor dicho, desde algún año antes de separarme. Rectificó la respuesta. – Lo entiendo! Contestó Carlos. – Te podría contar muchas cosas para que vieras cómo tu mundo puede cambiar en un espacio breve de tiempo, pero… no sé si podrías entenderlo. – Prueba a ver! Mi mente también está cambiando después de muchos años, y ahora… la tengo más abierta! Elena se fue relajando según hablaban. Carlos dio otro sorbo a la cerveza y se recostó en el sofá. - Un día que Amanda no estaba en casa, mi hija me propuso darnos un baño en la piscina. No era la primera vez que nos bañamos juntos y jugábamos a la pelota nos hacíamos aguadillas, en resumen, ...
... nos divertíamos. Comenzamos a jugar y chapotear, ella me agarraba por detrás e intentaba meterme la cabeza bajo el agua. El problema es su cuerpo ya estaba totalmente desarrollado, más o menos como la ves ahora. Podía sentir sus tetas sobre mi espalda y aunque me sentía algo incómodo, la dejaba seguir. En un momento dado se agarró de frente a mi, poniéndomelas casi en la cara, y eso ya fue más violento. Intente que dejáramos los juegos, pero se había abrazado a mí como una lapa y no me soltaba. Poco a poco fui cediendo, y acabo confesándome sus deseos sexuales. Era tal su persistencia y su entusiasmo que acabe dejándome llevar. Se lo dije a Amanda, y no sé cómo ni por qué, pero lo encajó bien, como algo que sabía que pasaría. A los pocos días, Estela entró en nuestra habitación cuando estábamos en plenos jadeos después de realizar el acto, y Amanda prácticamente la invitó a que siguiera conmigo. Elena estaba asombrada de la historia, pero a la vez se había relajado y se sentía mejor pensando en ella y su propio hijo, no sabía si era coincidencia o que estas cosas pasaban más de lo que ella hubiese supuesto. Carlos continuó con la historia, desvelando que con el paso de los días eso se había hecho habitual, hasta tal punto que una de las veces acabaron los tres en la cama compartiendo sexo y lujuria. Acabo diciéndole que ahora eso ocurría con bastante frecuencia y que los tres lo pasaban de maravilla. Cuando acabó de contarlo Elena tenía una sonrisa extraña, y se abrazó a ...