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La hijastra pródiga
Fecha: 29/03/2024, Categorías: Incesto Autor: vule69, Fuente: CuentoRelatos
A los 18 me casé por primera vez. El feliz matrimonio duró 3 años hasta la muerte por cáncer de ella. Diez años después de su fallecimiento, me emparejé con una bella y caliente mujer. Ella, tenía una hija de 4 años la cual ayudé a criar hasta los 12, pues con su madre nos separamos. Doce años pasaron sin saber nada sobre sus vidas hasta que una tarde de domingo sonó el teléfono. Del otro lado una voz femeninamente grave se identificó como la Panchi y necesitaba saber si la podía recibir. Sin pensarlo le contesté que sí. El sol se ocultaba cuando en un taxi que tuve que pagar yo, llegó la “pequeña” Panchi. Al descender del carro, no la reconocí, pues no se parecía mucho a la niña que entraba tardíamente en la adolescencia. Alta (1.75), de exóticos rasgos orientales, gruesos labios y generosa boca. Estilizada y voluptuosa. Negro, liso y largo el cabello, delicado el cuello, juntos los hombros, ostentosos senos, breve la cintura, amplias sus caderas. Prominente, respingado, redondo y firme era su culo, largas y contoneadas las piernas y delicados y bellos pies. Sus medidas eran 100-60-90. Llevaba puesto un floreado, fluorescente, ajustado y corto vestido que le llegaba justo a la mitad entre la ingle y medio muslo. No traía sostén y calzaba un sexy y descubierto par de sandalias. La reconocí cuando, lejos aún, levantó su brazo saludándome. En cuanto le correspondí el saludo, corrió para, a un metro de distancia, saltar sobre mí y aferrarse con brazos y piernas, ...
... como un koala. Panchi: -abrazando con fuerza- hola papi Cami… no sabía a quien más recurrir… gracias… mi mamá me dijo que no te llamara, que no me ayudarías, pero sabes… fuiste al primero que llamé… Yo: hola hija… así que eso dijo tu madre… en fin… has crecido hasta convertirte en una hermosa mujer… me alegro… y esta es tu casa, cariño… puedes usar la misma habitación, si quieres… Panchi: -posando suavemente sus labios en los míos- sabía que me ayudarías… si me ayudas con el taxi prometo ser buena con las cosas de la casa. Yo: está bien, hija… cuánto es… No había notado lo solo que estaba hasta la llegada de Panchi. Su presencia en la casa cambió radicalmente el estilo de vida que llevaba. De manera natural, rápidamente nos acostumbramos a la nueva dinámica. Comencé a comer comida casera; a tener la casa aseada y mi ropa limpia y ordenada. En otras palabras, se notó el toque femenino. Dos meses pasaron como si nada. La convivencia era cordial y distendida. A mis ojos, la Panchi era mi niña. Todo cambió una madrugada que me levanté a beber algo. Al encender la luz de la cocina, me encontré con Panchi apoyada en el mueble de cocina, al lado del refrigerador, justo frente a mí, ataviada solo con un colales, bebiendo un vaso con leche. Levantó su mano saludando de lo más natural como si no estuviese mostrando sus fabulosos senos. Me quedé mirándola con la boca abierta mientras terminaba su leche de un solo trago. El miembro de inmediato reaccionó comenzando a ...