1. De como fui una putiesposa en cines


    Fecha: 23/08/2024, Categorías: Confesiones Autor: Patita Putita, Fuente: CuentoRelatos

    ... centro. Lo habitual. Muy alerta al ambiente, poco más tarde me dijo: hay un movimiento extraño más arriba y de lado ¿Subimos? Acepté si decir nada y nos movimos al corredor lateral, cerca de las últimas hileras de arriba.
    
    Mas tardamos en sentarnos, que ya tenía un pendejo junto, descaradamente metiéndome mano por las piernas. Pasada la sorpresa inicial, y viendo tranquilo a mi marido, me abrí la blusa, ofreciéndole los pechos. Correspondiendo me puso la mano en su pinga, bien dura. Fui bien manoseada. Y notamos que ya eran varios cerca, muy atentos a esta golfa.
    
    El chavo completó, viniéndose al piso y se fue. Otro lo siguió repitiendo todo como copia, parecía que lo tenían bien ensayado. Me sentí contenta por ser tan atractiva. Feliz de estar en un cine, con la falda a la cintura, la blusa por los sobacos y manos y manos repasando todo mi cuerpecito. Poco después, mi marido se sentó a unos lugares de distancia, dando lugar a que fueran dos tipos manoseándome de cada vez. Otros adelante viendo y acariciando las piernas. Y otro atrás metiendo las manos a las bubis.
    
    No sé cuántas veces me vine, pero ¡fue glorioso!
    
    En algún momento, mi marido vio la oportunidad de sentarse junto y me murmuró: ¿Nos vamos? Acepté sin decir nada. Me medio arreglé y salimos muy contentos. El sitió que ya era una buena experiencia y sería bueno comentarla.
    
    Una semana después decidimos regresar, con un cambio: Ya iba de ropa adecuada, leve, ligera, fácil de quitar, sin sostén ni ...
    ... calzones.
    
    Esa parte del cine estaba en un segundo piso, al que se llegaba usando una escalera. Antes de entrar en la sala, mi marido me sugirió entrar como si fuera sola, ya sabía donde convenía sentar, dejando espacio a los dos lados. Y él iría en seguida, como siguiéndome. Vigilando que no me molestara algún pendejo.
    
    Me terminé de arreglar, subiéndome la falda hasta casi el borde de los calzones, aflojé la blusita, una de aquellas elásticas, que se ajustan solo con un tirante y un botón por atrás del cuello. Subiendo despacio, bien arriba busqué un lugar como lo habíamos combinado. Noté que ya había llamado la atención de varios ojetes. Me sentí medida.
    
    Más tardé en sentarme, que ya tenía uno a cada lado manoseándome sin dudar. Y yo dejándolos. El primero que llagó a la panocha exclamó ¡Oba! ¡Sin pantis! En seguida el otro metió la mano para ver si era cierto. Si era y ya estaba muy mojada. Sonriendo, me subí la falda hasta la cintura, me bajé la blusita. Y me encontré con un pepino en posición de firmes en cada mano. ¡Lista para la pelea!
    
    Siguieron cachondeándome a gusto. Con otros tres o cuatro cerca viendo y esperando turno.
    
    Ahí por el tercero, sentí un impulso feroz: ¡Me incliné de lado y me comí una polla! ¡Listo! ¡Me comí todas las que vinieron después! ¡Estaba dado el ejemplo! Parecía un balancín, para un lado y para otro. Oí un comentario: esta zorra es una chupa-vergas, con muy buena nalga.
    
    Después le conté a mi esposo que me había sorprendido uno: había ...