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Aprendiendo a coger con mi hermana
Fecha: 10/11/2024, Categorías: Incesto Autor: MikeFed, Fuente: CuentoRelatos
Con Katia, mi hermanastra, nos llevamos quince años de diferencia. Hijas de distinto padre, somos muy diferentes. Ella, con 35 años, es alta, rubia, con un cuerpo que causa envidia, sobre todo a mí. Tiene unos pechos tremendos y un culo glorioso. Encima, super divertida, cero problemas, nunca la falta pareja, es abogada, gana muy bien y viste con lo mejor. Yo, no soy tan alta, mi cuerpo normalito, sin mucho pecho, y lo único que me gusta, es mi culo, chico, pero bien formado. Soy castaña, estudio y dependo de mi trabajo para vivir y estudiar. Katia tiene su propio departamento y yo rento. Lo bueno, es que tenemos una relación espectacular, sobre todo después de la muerte de nuestro padre, nos hicimos muy unidas. La semana pasada, como todas las semanas, me invitó a cenar en su casa. Cuando llegué estaba en leggings y un top de lycra. —Hola Anita, tenía ganas de verte hermanita. —Yo igual Katia. —¿Qué te pasa? —Ando medio bajoneada. —Esperá, nos tomamos una copa de vino mientras charlamos, dale, sentate en el sillón, ya vengo. No tardó ni dos minutos en volver. —Contame. —Cansada Katia, no pego una. En el trabajo eligieron para ascender a una porque tiene unas tetas impresionantes, en la facultad, por el poco tiempo que tengo, voy a los tumbos. —¿Hombres? —No me hagas reír hermana. Por momentos creo que soy invisible para los hombres. —¿Y que haces para cambiar eso, todo? —Nada, no tengo forma… —¿Seguro? —Muy segura. —Yo opino ...
... distinto, creo que como primera medida tenés que cambiar tu negativismo, siempre fuiste negativa, siempre tuviste tendencia a menospreciarte. Eso, lo tenés que cambiar. Y vas a ver que todo va a cambiar. —Es muy fácil decirlo cuando te pones ropa de monja y te miran, como podés hacer vos. —Ves, todo lo pones fuera de tu mente, tu mente no tiene la culpa… estas equivocada, tu mente manda, tu mente sos vos, tu mente es lo que la gente ve de vos. ¿Por qué no empezas por cambiar la cabeza? Si te ven caminar encorvada, mirando al piso, sin una sonrisa, nadie te va a mirar, nadie se va a querer enrollar con una depresiva, que es la imagen que das. —Bueno, a ver, decime que hago para cambiar eso… —¿Seguro? —Seguro, dale. —Bájate el jogging. —¿Qué dijiste? —Que te bajes el jogging. —Katia, por favor, que tiene que ver… —Dale. Me lo baje y ella largó la carcajada. —No seas mala… —Primero, esa mata de pelos, tiene que volar, segundo esa bombacha de vieja, quémala, es horrorosa. —¿Que tiene que ver? —Tiene, Ana, vos misma te negás a estar con un tipo o una mina porque sabes que tenés eso puesto y esa mata infernal… no me jodas. —Y… ¿Con una mina dijiste? —Por supuesto… no me vengas con santurronadas, por favor… Peluquería, arregla esos pelos. —Puede ser… —Es… ¿Hace mucho que no estas con un hombre? —Más de un año… —¿Experiencia sexual? —Un solo hombre. —Chupaste, diste el culo… —Chupe un poquito… el culo no lo ...