1. ¿Qué no haría una madre por su hijo? (parte 1)


    Fecha: 01/01/2025, Categorías: Incesto Autor: AntonioEspnsa, Fuente: CuentoRelatos

    Hola a todos. Me llamo Yolanda. Tengo 54 años, y vivo en un pequeño pueblo en el centro de mi país. Soy viuda, pues mi marido murió hace más de 10 años, y a pesar de haber intentado rehacer mi vida en un par de ocasiones, nunca he podido encontrar un hombre que pueda remplazar a mi difunto marido. Vivo sola, y actualmente no trabajo, pues vivo de la pensión de mi marido y de las rentas de propiedades que me heredó. Vivo muy bien económicamente, pero llevo una vida solitaria y muchas veces eso es un pesar. Mis hermanos viven en otras ciudades con sus familias, y a veces me hago acompañar de mis amigas de la infancia de mi pueblo.
    
    Tengo un único hijo, el hombre del que se trata esta historia y que es el motivo de mi vivir. Se llama Alberto, tiene 29 años y vive en la capital de nuestro estado desde que se graduó de la universidad y donde encontró un trabajo como ingeniero. Tiene años que no vive conmigo, pero lo visito de vez en cuando pues la ciudad está a tan solo 45 minutos de nuestro pueblo. Alberto siempre ha sido un excelente hijo. Es muy tranquilo, nunca se ha metido en problemas, no consume drogas y ha tenido un desempeño muy sobresaliente en sus estudios. Además, no es nada feo... mide 1.78, con una complexión media sin tener cuerpo de gym, y muy parecido a su padre. Sin embargo, siempre le ha costado hacer y mantener amigos, a veces se aísla de todos y nunca he sabido que tuviera alguna novia. Yo esperaba que eso mejorara una vez que se fuera del pueblo y viviera ...
    ... en la ciudad, pero sólo empeoró, y eso lo descubrí la última vez que fui a visitarlo.
    
    Cuando lo visitaba, siempre me recibía con entusiasmo, o al menos eso aparentaba, y salíamos a dar la vuelta y distraernos, pero esta última vez lo noté todavía más ermitaño. No salió mucho de su cuarto, donde se la pasó la mayor parte del tiempo trabajando en su computadora, y ni hablar de salir de la casa. Ni siquiera me prestó mucha atención a mí, hasta el punto de que me sentí ignorada. Me preocupaba su situación, ya que llevaba mucho tiempo así, y a medida que se hiciera mayor, sabría que empeoraría. Así que al llegar el tercer día, el penúltimo de mi estadía, decidí confrontarlo en la hora de la comida.
    
    -Hijo, casi nunca saliste de tu habitación, ¿te sientes mal?
    
    -No, sólo he tenido mucho trabajo... hay dos proyectos en puerta y tengo que entregarlos.
    
    -¡Esas son buenas noticias!
    
    -Sí, supongo. Contestó indiferente.
    
    -Pues deberías estar contento. Eso significa que tendrás un buen salario asegurado.
    
    -¡Sí, pero me la vivo estresado! ¡No tengo tiempo para nada más que para hacer esto! No tengo vida, no hago más que trabajar en la oficina y en mi casa también. Siento que no estoy viviendo como me lo esperaba…
    
    -Hijo, sí me he dado cuenta de eso. Casi no sales, te ves muy apagado, tampoco sé si tengas amigos…
    
    -No tengo muchos, solo los compañeros de trabajo, pero son sólo eso, compañeros.
    
    -Alberto, me preocupa tu situación, llevas mucho tiempo así. Aislarte y no ...
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