1. Masajes con final feliz (parte 2)


    Fecha: 05/08/2025, Categorías: Lesbianas Autor: Martina Paz, Fuente: CuentoRelatos

    (…) Con esa pija dura uniendo nuestras conchas, volvimos a acabar, esta vez, en el mismo instante. Nos fundimos en un beso y en un abrazo que se sentía como si estuviésemos envueltas en llamas. Totalmente empapadas en sudor y en nuestros propios jugos, sin dejar de abrazarnos, caímos rendidas en la cama. Apoyé mi cabeza en su pecho, mientras su respiración agitada me hacía sentir muy feliz.
    
    Salí del trancé cuando sonó su celular, el cual estaba sobre la mesa de luz. Lo tomó, leyó algo, respondió. “Tengo que juntarme con una amiga. Está cerca. ¿Le puedo decir que venga?”. Me pregunto. Me sentía totalmente agotada, sin fuerzas, pero con ganas de más. Ante mi silencio, volvió a hablar. “Es buena onda. Además, tiene un regalo para vos. Estoy segura que te va a encantar. ¿Le digo que venga?”. Como un autómata le dije: “Sí, pero rápido”.
    
    Quince minutos después, alguien tocó el timbre. Camila se levantó de la cama de un salto y fue a contestar el portero eléctrico. Sentí el sonido del timbre al abrir la puerta de abajo. Minutos después, vi parada en la puerta de mi habitación a una rubia alta, enfrascada en un vestido de látex rojo, dejando asomar por el escote a las tetas más hermosas que vi en mi vida. “Huelo a diversión”, comentó divertida. Me senté en la cama cubriéndome las tetas con la almohada. Camila llegó por atrás de la invitada y la tomó de la cintura. Abigail giró su cabeza y se comieron la boca con intensidad. Una de las manos de mi masajista se perdió debajo ...
    ... del vestido rojo. Noté de inmediato el regalo de la rubia.
    
    Sin separar sus bocas avanzaron lentamente hacia la cama. Camila cayó de espaldas, riendo a carcajadas. Con gran maestría, Abigail se bajó el cierre que el vestido tenía por detrás, liberando sus dos enormes y hermosas tetas. Debajo, tenía una pequeña tanga roja de encaje. A pesar del diminuto tamaño, la tela lograba contener perfectamente lo que allí guardaba. Camila se acercó a mí, me quitó la almohada y me besó. Me distraje por unos momentos saboreando esa boca que ya me era familiar, hasta que noté que una mano grande, pero delicada, me acariciaba el pelo. Giré la cabeza y la vi de pie junto a la cama, hermosa e imponente, con sus tetas apuntándome hacia la cara.
    
    La tomé de la cintura y la atraje hacia mí. Fue la primera vez que acaricié y chupé unas tetas operadas, y la primera sensación fue maravillosa. Duras, de una redondez perfecta y muy calientes. Lo primero que hice, fue tocar ambas al mismo tiempo, usando mis dos manos. Después, apoyé mi cabeza entre ellas, como si fuera una cómoda almohada. “¿Te gustan?”, me preguntó. “Las amo”, respondí. De inmediato, me atrajo hacia ellas haciendo que se las chupe. Fui directamente al pezón izquierdo, al cual le pasé la lengua como si de una paleta se tratara. Besé toda la superficie, mientras apretaba con fuerza. Sentí como alguien me tocaba la concha. Era Camila. No la veía, pero la sentía hermosamente. Estaba al lado mío, arrodillada, chupándole la pija a ...
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