1. Mi encuentro con el oficial #2


    Fecha: 14/08/2025, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: Karen Hernández, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X


    Ya habían pasado varios días desde nuestro último encuentro… y aunque yo trataba de concentrarme en mis clases y pendientes, a cada rato me sorprendía recordando esa noche: sus manos, su voz grave, la manera en que me miraba como si estuviera adivinando lo que pensaba.
    
    Ese día, mientras guardaba unos papeles, me quedé mirando el teléfono. Pensé en marcarle… y antes de que me convenciera de no hacerlo, ya estaba llamando.
    
    —Hola… ¿cómo estás? —dije con un tono que quería sonar casual, aunque sabía que tenía ese matiz coqueto que él detectaba al instante.
    —Mejor ahora que escucho tu voz, respondió sin perder tiempo, y sentí ese cosquilleo que me recorría cada vez que hablaba así.
    —Oye… necesito un favor —dije jugando con el bolígrafo entre mis dedos—. Es que mi carro trae un problema con la tenencia y no quiero que me lo retengan.
    —Claro, mami, lo que tú digas… pero ya sabes que esos favores tienen un precio.
    
    Solté una risa baja.
    
    —Ay… no empieces.
    —¿Y por qué no? Si me encanta escucharte así, con esa vocecita tímida que solo usas conmigo.
    —¿Tímida yo? —respondí, levantando una ceja aunque él no pudiera verme.
    —Mmm… digamos que coqueta y peligrosa. Porque cuando hablas así, sé que voy a terminar diciendo que sí a todo.
    
    No quise darle más ventaja.
    
    —Bueno… quedamos en la noche, aquí cerca de mi casa, en el parque.
    —Perfecto. Así veo qué tanto te esmeras para convencerme.
    —¿Y si voy en pants y sudadera?
    —Mentira. Vas a aparecer con algo que me deje sin ...
    ... palabras. Porque tú no das pasos en falso.
    
    Cortamos la llamada y me quedé sonriendo. No sabía si arreglarme o no… pero al final, mis manos ya estaban buscando el vestido entallado color vino que tanto me gustaba. La tela suave se pegaba a mi piel y dibujaba mi figura con cada movimiento. Añadí una chaqueta ligera que apenas cubría mis hombros, y unos tacones que me hacían caminar con un ritmo pausado y seguro. Un toque de perfume detrás de las orejas y en la muñeca, para que tuviera que acercarse si quería sentirlo.
    
    Al llegar al parque, lo vi esperándome apoyado contra su patrulla. La luz de la farola caía justo sobre él, y por un momento se me olvidó por qué estaba ahí.
    
    Me miró de arriba abajo, sin prisas, como si quisiera memorizar cada centímetro.
    
    —Sabía que ibas a llegar así… —dijo despacio—. Y con esos tacones… ¿quieres que me distraiga toda la noche?
    —Tal vez sí… tal vez no —respondí, cruzando los brazos y fingiendo indiferencia.
    —Eres terrible.
    —No… terrible es que me tengas aquí mirándote y sin poder tocarte como quiero.
    
    Sonreí, sintiendo cómo mis mejillas se encendían.
    
    —¿Viniste solo por el favor… o también para tentarme?
    —Tal vez… por las dos cosas.
    
    Nos quedamos en silencio unos segundos, solo mirándonos. Sentía su mirada recorriéndome, deteniéndose en mis labios, en mi cuello, en cómo el vestido marcaba mi cintura. Caminamos un poco por el parque, y aunque hablábamos del carro, la conversación se desviaba constantemente.
    
    —¿Sabes qué es lo ...
«1234...12»