1. Compañeros - Capítulo 13: Ardiente Navidad


    Fecha: 07/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... sin pizca de pudor, buscando su ropa esparcida. Miguel la observó con admiración bajo la tenue luz de la mañana mientras se vestía a toda prisa: sus curvas le traían a la mente flashes de la pasión de la noche anterior, pequeñas marcas rojas en su piel como testigo de sus juegos.
    
    Una vez vestida, Carlota se acercó de nuevo a la cama para despedirse. Se inclinó y le dio a Miguel un último beso, esta vez suave y dulce.
    
    —Nos vemos después de las fiestas, ¿vale? —dijo, revolviéndole el pelo con cariño.
    
    —Claro… Pásalo bien en casa. Y gracias por el regalo —respondió él con media sonrisa, haciendo un esfuerzo por sonar casual pese al calor que aún le ardía en las mejillas.
    
    Carlota rió entre dientes, le guiñó un ojo y, tras recoger su bolso, salió de la habitación casi a hurtadillas.
    
    Unos minutos más tarde, la puerta volvió a abrirse lentamente. Luis asomó la cabeza para comprobar que Carlota ya se había marchado, y al ver el campo libre entró en la habitación con paso tranquilo. Miguel seguía recostado en la cama, con la sábana a medio cubrir y solo los calzoncillos puestos. Tenía el pelo revuelto y una expresión entre satisfecho y adormilado.
    
    Luis no pudo evitar fijarse en él: su amigo, alto y delgado, tenía el torso al descubierto, aún perlado por un leve sudor. Bajo la tela ajustada de los boxers de Miguel se adivinaba un bulto sobresaliente, casi sobrenatural, testigo de lo que acababa de suceder.
    
    —¡Buenos días, figura! —saludó Luis con una sonrisa ...
    ... burlona, dejando sus cosas sobre su cama—. ¿Qué, disfrutando de la vida?
    
    Miguel soltó una carcajada suave y se incorporó, frotándose la cara.
    
    —Buenos días, tío… Se puede decir que sí —respondió con una sonrisa satisfecha, desperezándose—. Y gracias por dejarme la habitación anoche, en serio. Eres un puto santo.
    
    Luis restó importancia con un ademán mientras se dejaba caer en el borde de su propia cama.
    
    —Bah, tranqui. Quid pro quo, ¿no? Ya me tocará a mí pringar en el sofá de la habitación de los catalanes cuando traiga visita —bromeó, guiñándole un ojo.
    
    Miguel rio entre dientes.
    
    —Trato hecho. Aunque viendo lo bien que se lo pasa uno… merece la pena el exilio temporal —comentó con tono jocoso.
    
    Luis se rió, y dio una palmada suave sobre la pierna de Miguel por encima de la sábana.
    
    —Entonces, ¿qué? ¿Cómo van las cosas con Carlota? —preguntó con curiosidad mal disimulada—. Parece que anoche acabasteis… bastante bien.
    
    Miguel se apoyó contra la cabecera de la cama, entrelazando las manos tras la nuca con aire satisfecho.
    
    —Pues la verdad que bien. No somos novios ni nada serio, ya sabes… pero nos entendemos de puta madre. Quedamos de vez en cuando, nos liamos en fiestas… lo típico.
    
    —Vamos, que no sois “solo amigos”, precisamente —rió Luis.
    
    —Exacto —asintió Miguel con una risita—. Hay buen rollo y atracción, pero sin compromiso.
    
    Hubo una pausa cómplice. Miguel miró de reojo a su amigo, que sonreía con picardía.
    
    —¿Y tú con Marta qué tal? —inquirió ...
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