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La nueva escuela (1). El método Blissot
Fecha: 10/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... cosa —dijo Marian, mirándole girando la cabeza, meneando su trasero bajo sus caricias, con voz cansada. —¿Como qué? —Que la próxima vez, uses el sofá nuevo. Este ya lo tienes más que amortizado... *** Marian todavía estaba tumbada de costado, con una pierna colgando del sofá, cuando César regresó del baño. Se sentó a su lado, mientras ambos reían al tratar con torpeza de hacerse sitio mutuamente, y el tiempo se desgranó con desgana como la lluvia fuera, entre confidencias, besos y bromas. Marian se descubrió al rato boca abajo, totalmente relajada, dejando que César recorriese su espalda con los dedos, como siguiendo las líneas de algún tatuaje que solo él pudiera ver. -Me he fijado que no tienes nada de acento… - comentó él distraídamente, siguiendo sendas salomónicas por su columna. Marian se echó a reír con aire culpable. -¿Te cuento un secreto? En realidad soy de Santander. -¿Cómo? – César se detuvo y se echó a reír a su vez como si estuviesen compartiendo un chiste privado. -Soy de Santander. Solo estuve en Malmö de Erasmus. -¿En serio? ¿Y todo ese rollo de sueca que llevas? La risa de Marian fue traviesa, infantil, culpable. Y le miró con los ojos brillantes, volviendo apenas la cabeza. -Yo qué sé. Igual es porque soy rubia y de ojos azules, dije lo de Malmö el año pasado y en la AMPA se hicieron sus películas. Me llamo María Angélica y me apellido García Fernández, tú dirás qué puedo tener yo de sueca… Espero seguir gustándote, ...
... ahora que sabes que no soy tan exótica. —En realidad… ¿Sabes qué me encanta de ti? —murmuró él, rozándole la cadera con los labios. —Ya que no es mi encanto nórdico, tendrá que ser mi sarcasmo... ¿o mi capacidad para quedarme sin aliento? —Todo eso —dijo él, riendo contra su piel—, pero sobre todo, que haces que el sofá parezca un altar. Y yo, un devoto impenitente que quiere volver a comulgar… Ella bufó entre risas. Su melena rubia estaba revuelta como si hubiera sobrevivido a una tempestad dentro de otra. Se estiró lentamente, sus formas generosas contorneándose al moverse, y lo miró por encima del hombro, con los ojos medio cerrados y una sonrisa peligrosamente insinuante. —No me digas que ya te has calmado. —¿Calmado? Estoy más perdido que un turista sin GPS. César contempló aquel culo amplio que amenazaba con desbordar el sofá, y no pudo evitar inclinarse inclinó y besar la curva de su espalda, justo en la línea donde comenzaba la cintura, donde peligraba la denominación de espalda. Ella se estremeció. Luego bajó otro poco. Y otro. —¿Estás... explorando? —preguntó ella, sintiendo el aire cargarse otra vez, más que con electricidad, con intención. —Estoy cartografiando —respondió él con fingida seriedad—. Es terreno inexplorado, Terra incógnita. Al menos, hasta que tú me digas lo contrario. Marian levantó una ceja, girándose apenas. Su mirada era mezcla de picardía y precaución. —¿Estás intentando abrir rutas nuevas, o es que eres aficionado a ...