1. La nueva escuela (1). El método Blissot


    Fecha: 10/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... probar suerte en caminos menos transitados?
    
    César le respondió con una sonrisa ladeada, la misma que usaba cuando decía cosas que no debía, pero igual las decía.
    
    —Digamos que... Quiero ofrecer un taller de senderismo avanzado.
    
    Ella soltó una carcajada, divertida, y luego bajó la mirada, pensativa. Sabía lo que él insinuaba. Y lo cierto era que no era algo que hubiera explorado mucho... o nada. Pero con él, con esa mezcla suya de ternura infantil y deseo adulto, todo se sentía menos amenazante y más... curioso.
    
    —¿Y como planteas la ruta para tus alumnas? —dijo ella, girándose y recostándose sobre su costado.
    
    Él se acercó hasta quedar con la boca a la altura de su oído.
    
    —Suelo empezar con un masaje. Nivel principiante. Sensual. Didáctico.
    
    Los dedos de César comenzaron a recorrerla otra vez, esta vez con una lentitud aún más medida. Tocaba como si afinara un instrumento, uno que sabía tocar, pero aún así quería redescubrir. Ella se dejó llevar, entrecerrando los ojos, mientras el calor volvía a crecer desde su abdomen hasta los rincones más íntimos de su cuerpo, hasta su coño, y especialmente hasta la flor de su culo.
    
    Cada roce en sus nalgas, estudiado, concienzudo, era una promesa. Cada beso en la piel de sus cachetes ,un empujón al abismo.
    
    Cuando finalmente sus labios se detuvieron en esa frontera tan poco transitada, Marian contuvo el aliento. ¿Cómo podía ser algo tan potente siendo tan, hasta el momento, inocente? Todavía no había nada físico, ...
    ... nada concreto, y ya se sentía como una goma tensada al límite.
    
    —Confía en mí —susurró él, quizá consciente de su rigidez, con una voz tan suave que casi fue una caricia.
    
    —¿Lo dices como amante... o como guía de montaña? —preguntó ella con una sonrisa traviesa, aunque su voz temblaba levemente. De excitación. De inquietud.
    
    —Como César. El que quiere hacerte temblar.
    
    Eso bastó.
    
    Marian abrió desmesuradamente los ojos cuando sintió la lengua de César lamer con una fruición impensable su ano, que se contrajo por puro reflejo. Él se rio sin hacer ruido, porque aquello pareció un guiño de complicidad, de aprobación. Su culo era pequeño y fruncido, de sabor salado, una maraña de estrías profundas y tersas, rodeado de unos vellos finos y rubios. “Deberías depilarte este ojete, María Angélica”, pensó César, respirando fuerte mientras seguía paseando la punta de su lengua por cada recoveco. Mantuvo bien abiertas las nalgas, apretadas entre sus manos, apreciándolas en lo que valían aunque notase cierta flaccidez.“Y de paso, ir algún día más al gimnasio”. Tenía un trasero demasiado bonito como para estropearlo en abúlica dejadez.
    
    Lamió y chupó y besó, sin dejarse nada, tomándoselo como el tributo a pagar por disfrutar ese hoyito que se antojaba angosto y tozudo. La desproporción entre el grosor de su polla y la estrechez del orificio requeriría sin duda paciencia, lubricante y saliva.
    
    -Ummm…
    
    Marian gemía abrazada a un cojín, sintiendo una extraña sensación por todo el ...