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Las mejores vacaciones
Fecha: 12/10/2025, Categorías: Control Mental, Autor: Charlie Steele, Fuente: TodoRelatos
... gusto, esos kilitos de más le hacían ver mejor, con sus tetas todas redondas, sus caderas de infarto, grandes glúteos, un cabello castaño largo y una carita de bebé que aumentaba su sex appeal. —Hola Adrian —me saludó con su voz angelical—. ¿En qué te puedo ayudar? La emoción, la calentura y los nervios se aglutinaron en mí al punto de que no supe qué hacer, hasta que al fin decidí decir algo: —Té de purpura. Me quedé como piedra al escuchar la tontería que había salido de mi boca, mi cerebro comenzó a trabajar a toda máquina para pensar en algo qué decir para excusar esta tontería, pero toda actividad se detuvo cuando vi lo que pasaba frente a mí: Daniela había perdido su sonrisa, ahora tenía una expresión vacía en el rostro y su cuerpo, se había puesto un poco rígido. Estaba a punto de preguntarle si todo estaba bien cuando ella dijo: —Escucho y obedezco, ama. Se me fue el aire. En la libreta de mi madrastra, esta tenía notas de terapias que había tenido con diferentes mujeres dentro del edificio de departamentos, pero no cualquier clase de terapia: hipno terapia. En las notas, mi madrastra detallaba que había sometido a estas pacientes a tal grado de hipnosis, que con una frase gatillo podía regresarlas a ese estado de trance en el que eran extremadamente obedientes, y por supuesto, mi madrastra no usaba a estas mujeres bajo trance para algo tan mundano como lavar platos. Y ver a Daniela reaccionando así con la frase gatillo que mi madrastra le ...
... había metido en la cabeza, me hizo creer que lo escrito en la libreta podría ser verdad. Tragué saliva y a causa de los nervios y la emoción, tartamudee un: —¿Pu-puedo pa-pasar? Daniela se hizo a un lado y dijo: —Adelante, ama. Pasé al departamento y mientras Daniela cerraba la puerta tras de mí, reparé en que ella me decía “ama”, lo que confirmaba que mi madrastra usaba a estas pacientes como esclavas. Aunque claro, si podía hacer que ellas me obedecieran, poco me importaba como me llamaran. Ya en privado, me giré para ver a Daniela, quien seguía con su cara inexpresiva y con su cuerpo algo rígido. Esa visión, sumado al aroma a sudor femenino que pululaba el departamento, me hizo mandar al diablo las sutilezas, y me arrojé contra Daniela. La tomé por la cadera para atraerla hacía mí y empecé a besarla en los labios, beso que ella regresó aunque de forma un tanto mecánica, mientras que mis manos empezaban a bajar hasta sus gordos muslos para empezar a acariciarlos y a apretujarlos, mientras que ella, se limitaba a pasar sus manos por mi espalda. La situación era tan cachonda, que tenía mi verga estaba ya tan dura que me dolía, así que sabía lo que quería hacer. —Hazme un oral —le ordené. Al principio Daniela se mostró un poco confundida, y entonces reparé en que a lo mejor tendría problemas en discernir qué era lo que tenía qué hacer si hasta el momento era una mujer la que la había estado usando como un juguete sexual, pero pronto ella reaccionó ...