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Delicias de ser infiel
Fecha: 25/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Caracasperversa, Fuente: CuentoRelatos
Ese día, temprano en la mañana, mi marido se fue a trabajar. Era una de esas semanas que a él le tocaba quedarse en Caracas y por supuesto, yo estaba con las alas atadas. Podía hablar a ratos con mi amante por teléfono, pero de encontrarnos nada ya que el fin de semana, que era cuando podíamos, estaba ocupada en casa. Tomé una ducha y me puse un vestidito de algodón blanco muy corto y sin ropa interior. No tenía intenciones de salir ni de ver a nadie, estaba de vacaciones en mi trabajo. Me recogí el cabello en una cola y me dispuse a poner en orden algunas cosas. Mi humor era negro y parecía que no tenía ganas de mejorar. Mientras estaba revisando y contestando mis emails, alguien tocó a mi puerta. La abrí solo un poco y lo que vi casi me deja congelada. En el jardín de mi casa, frente a mi puerta estaba mi amante, no lo podía creer, era una locura que se arriesgara de esa manera. Lo hice entrar rápidamente mientras observaba su expresión divertida. –¿Qué pasó bebé? ¿Estás asustadita? –me decía mientras reía.– Solo es una visita corta, me escapé del trabajo, es que te extraño. Tengo que regresar en un rato. No podía creer lo que estaba pasando, él jamás había entrado en mi casa y más peligroso lo hacía el hecho de estar mi marido en la ciudad. Igual me sentí emocionada al verle y acepté sus besos gustosa. Ya ni recordaba porque estaba de mal humor. Le ofrecí un café y nos sentamos cerca, en un sofá. El acariciaba mi rostro y me miraba a los ojos, ...
... intensamente para luego recorrerme toda. –Siéntate aquí en mis piernas linda, déjame abrazarte, déjame besarte que tengo tiempo sin hacerlo. Me senté en sus piernas y nos besamos. Su mano recorrió mi muslo, subiendo el vestido hasta mi cintura y dándose cuenta de mi desnudez, subió hasta mis senos, tocando mis pezones para luego rodar hasta mi espalda. Yo sentía mi sexo mojándose sobre sus jeans por lo cual, en un movimiento quedé cabalgándolo, arrodillada, con las piernas muy abiertas sobre él. Ahora era yo la que buscaba el calor de su lengua, el sabor exquisito y excitante de sus besos, gemía de ganas mientras él se deshacía de mi vestido. solo bastaban instantes de su contacto para encender mis deseos. Allí estaba yo, en mi propia casa, desnuda sobre mi amante y con unas ganas locas. Sentía que el calor de la excitación me hacía sudar y mi mente ya no percibía ningún peligro, solo sexo entraba en ella, cegada de placer. Quité su franela y disfruté viendo como se revelaba su pecho ante mí, le besé las tetillas, se las lamí casi que con desespero mientras sentía su mano entre mis piernas, abriéndose el camino con sus dedos hasta conseguir y estimular mi clítoris. La sentía resbalándose en mi sexo mojado, haciéndome sentir el cosquilleo divino y parando solo para explorar momentáneamente mis orificios. –Vamos a tu habitación, quiero que tiremos en tu propia cama. Quiero que nuestra transpiración y el olor a sexo impregne las sábanas y así se quede, no quiero que cambies ...