-
Delicias de ser infiel
Fecha: 25/11/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Caracasperversa, Fuente: CuentoRelatos
... robadas me estaban haciendo llegar a un orgasmo, mientras mi marido me daba detalles del trabajo que hacía. Yo solo le daba dos o tres palabras, tratando de esconder lo que estaba experimentando. Mi amante agachado sobre mí me susurraba al oído: –Mi vida, mmmm que rica estás traicionera. Mírate como estás de roja. ¡Acaba! ¡quiero que acabes ya! Entre todo esto estallé en un orgasmo, amortiguando cualquier sonido y sin saber siquiera de que me estaba hablando el otro por el teléfono. Finalmente, me dijo: “descansa que se te oye mal de verdad. Nos veremos en la tarde”. Colgué el auricular y no sabía si reír o llorar. No era sentimiento de culpa. Era más la sensación de bajarse de una montaña rusa, que después de tanto grito y susto, lo que quieres es volver a subir. Me incorporé quedando arrodillada, con mi amante de la misma forma a mis espaldas. tomándome desde atrás. Seguía penetrándome mientras sus dientes mordían mi cuello y sus brazos me rodeaban para terminar cruzados sobre mis senos. Los masajeaba suavemente para luego pellizcar mis pezones erectos. Me deshacía en las caricias entregada a mi hombre por completo. Sintiendo llegar cada orgasmo. Sin descanso, como agarrando cada segundo de nuestro tiempo, me acosté en la cama boca arriba y lo atraje con mis piernas hasta sentir que rodeaba su cintura y él estaba sobre mí. Besándome, se movió un ...
... poco entre mis muslos hasta penetrarme, se movía sobre mi rozándose con su cuerpo, llenando mi boca con sus besos y bañándome en su sudor. Luego, me volteó para comerse a besos y lamidas mi espalda. Bajó hasta mis nalgas y la abrió con sus manos, siguió toda la raya con sus dedos y su lengua para terminar lamiendo mi culito con avidez, sentía su lengua recorrerme, hundirse en mi orificio y moverse dentro de éste. Sus manos se aferraban ahora a mis nalgas, controlando mis movimientos. Yo estaba extasiada gozando la sensación cuando lo sentí apoyando su sexo contra mi culo. Sin dilatarme suavemente lo empujó dentro de mí, haciéndome arquear la espalda ante esta sensación. Me llenó completa. Sentía los vellos de su piel rozando mis nalgas. Se movía, primero suavemente y después con fuerza hundiéndose y saliendo de mis entrañas. Pasaron los minutos sin dejar de movernos, gemíamos de placer hasta que los dos nos conseguimos en el punto más alto y acabó dentro de mí. Caímos sudados en la cama. Ahora besos y caricias sustituían la danza vertiginosa del sexo. Compartimos la cama, una ducha larga y tibia, muchos besos y susurros llenos de lujuria, pasión y hasta algo de comer, para luego verle perderse en el mundo más allá de la puerta de mi casa. Satisfecha y deseándolo como siempre. Esta experiencia, aunque corta, la atesoro como una de las más intensas que he vivido.