-
La casa de Isabel (II)
Fecha: 19/12/2025, Categorías: Incesto Autor: VickySG, Fuente: TodoRelatos
... tamaño del pene que podía saciar las ganas de sus dos agujeros. - No se lo piense más, doña Isabel. Si le gustó por detrás, imagínese por delante. - Hace mucho que nadie entra por ahí. - ¿Y no tiene ganas? - Sí, he vuelto a sentirme joven desde lo del otro día. - Imagínese en su cama, bien abierta de piernas y con todo esto dentro. - Héctor, por favor. - ¿Sí? - ¡Fóllame! La tenía en el bote. Fui a por ella, la cogí en brazos y la llevé para su habitación. No pensaba darle el polvo plácido que le había prometido, tenía intención de volver a follármela duro, pero comprobando el otro agujero. La tumbé en la cama, boca abajo, y le subí la falda hasta la cintura. Ella intentaba darse la vuelta, tocarme por todas partes, pero se lo impedí. Le quité las bragas, muy diferentes a las de Zaida, y le metí un dedo en su veterano coño. Apenas comenzaba a lubricar. Me tumbé sobre ella, sin demasiado cuidado, y le abrí bien las piernas. Tuve la tentación de volver a encularla, pero tenía que darle algo nuevo con lo que ganarme su favor. Me sujeté la polla y se la metí por la raja, sin abandonar la dureza en todos mis movimientos. Isabel no ...
... protestó en ningún momento, todo lo contrario, me pedía que le diera más duro, gemía de forma descontrolada. Metí las manos por debajo de su cuerpo para apretar con fuerza sus operados pechos. Con ella podía dar rienda suelta a una parte de mí que ni yo mismo conocía. El sexo duro con una mujer a la que odiaba, superaba en morbo a todo lo que había hecho hasta ese momento. - No pares, Héctor. - ¿Vas a cumplir con tu parte? - Sí, siempre que esto se repita a menudo. - Eres una vieja zorra. - Soy tu puta, dame más. Estoy a punto de correrme. Aumenté la intensidad de los empellones hasta que Isabel llegó al orgasmo. Se agarró con fuerza a la almohada, tratando de dominar los temblores que sacudían todo su cuerpo. Yo seguí dándole, hasta que me corrí dentro del coño de mi ex suegra. Todavía no era mediodía y ya me había tirado a dos mujeres de unos cuarenta años de diferencia. Pensé en que tendría que haberme divorciado antes. Me estaba vistiendo para volver a la oficina, cuando llamaron a la puerta. - Mierda, se me había olvidado. - ¿Qué pasa, señora? - Había quedado con mi hija para comer juntas. Escóndete debajo de la cama. Continuará...