1. A los Pies de Jennifer III: Pruebas de Obediencia


    Fecha: 27/12/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos

    Antes de sumergirte en esta tercera parte, te recomiendo leer la primera entrega y la segunda, donde todo comenzó. Ahí conocerás a Hugo, su transformación y la forma en que su dueña, Jennifer tomó control de su deseo. Sin esa historia, no entenderás hasta qué punto llega la entrega aquí.
    
    Hugo llegó a la calle veinte minutos antes de la hora. Caminaba de un lado a otro frente al portal, incapaz de quedarse quieto. No sabía si era ansiedad o deseo, solo sentía que el estómago le ardía y que las manos no dejaban de sudar.
    
    Había pensado en Jennifer cada día de la semana. En su voz firme, en el brillo de sus gafas, en sus labios rojos pronunciando la palabra que lo había detenido al borde del orgasmo: “Alto”. Era un eco que lo acompañaba incluso en sueños. Lo odiaba y lo deseaba al mismo tiempo.
    
    Subió al fin las escaleras, con las piernas temblorosas. Tocó el timbre, escuchó el zumbido y entró en el pasillo que ya conocía demasiado bien. La sala de espera estaba vacía, como siempre. Las mismas revistas en la mesa, la misma planta verde en la esquina, la misma calma aparente que contrastaba con el terremoto en su pecho.
    
    Se dejó caer en la butaca. Miró el reloj de pared. Faltaban aún quince minutos. Respiró hondo, intentó calmarse, pero lo único que consiguió fue recordar la voz de Jennifer preguntando:“¿Qué pesa más en ti, el miedo o el deseo?”.
    
    Su pierna temblaba sin control. Cada segundo era una tortura. Por primera vez en su vida, no quería que la cita médica ...
    ... terminara: lo que temía era que no empezara.
    
    El reloj avanzó lento, cruel. Doce minutos. Nueve. Cinco.
    
    Cuando por fin creyó escuchar los pasos de Jennifer al otro lado de la puerta, su corazón golpeó tan fuerte que le pareció que se le iba a escapar del pecho.
    
    Pero la puerta no se abrió.
    
    El silencio volvió, denso, aplastante. Hugo tragó saliva. Jennifer lo estaba haciendo esperar. Y lo sabía.
    
    Con ese simple gesto —el de retrasar su entrada— ya lo tenía otra vez donde quería: inquieto, ansioso, dispuesto a obedecer lo que fuera con tal de que apareciera.
    
    El reloj de la sala de espera marcaba los minutos como gotas de agua en una tortura lenta. Hugo miraba la esfera una y otra vez, incapaz de aceptar que los segundos pasaban tan despacio. Sentía el estómago vacío, las palmas húmedas, y cada tanto se frotaba las rodillas como si eso pudiera tranquilizarlo.
    
    Había llegado pronto, demasiado pronto, pero ahora el problema era otro: la puerta de la consulta seguía cerrada. Y la hora ya había pasado hacía cinco minutos.
    
    Un ruido en el pasillo lo sobresaltó. Se enderezó en la butaca, expectante. Pero no era Jennifer. Solo alguien subiendo las escaleras del edificio.
    
    El corazón de Hugo se encogió. La espera empezaba a convertirse en un suplicio. El recuerdo de la sesión anterior lo acosaba: arrodillado, sudoroso, suplicando permiso para un orgasmo que no llegó. Y ahora estaba ahí, solo, reviviéndolo sin que nadie dijera una palabra.
    
    Cinco minutos más. Diez. ...
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