1. Mi vida. Resplandores y tinieblas (10)


    Fecha: 30/12/2025, Categorías: Infidelidad Autor: lolalp, Fuente: TodoRelatos

    ... calentura no me hiciera hacer ninguna locura, ya todo se había ido a la mierda, sin saber cómo enfrentar una situación así, apoyado en la mesada de la cocina, a pocos centímetros del cajón donde guardo la cuchilla, imaginé la escena, apareciéndome en la habitación, cuchilla en mano, interrumpiéndoles ese maldito acto de traición, pero tenía miedo de mi reacción, si acaso ese hombre que había dejado de ser mi padre, decía o hacía algo, se podría ir todo al carajo.
    
    Finalmente, ante mi estado de estupor, de aturdimiento, decidí no hacer nada, ya todo estaba destrozado, ya no había camino de regreso, volví al comedor, tomé mi mochila, al ver sobre una de las sillas la cartera de Juliana abierta con su teléfono dentro, lo tomé, ni sé muy bien por qué, quizás para confirmar lo que ya no hacía falta confirmar, que esa mujer a la que amaba me estaba traicionando de la pero manera, la más cruel, la más retorcida, la más inhumana, la más humillante, con la seguridad de que ese hijo de puta no sería el primero.
    
    Aturdido como estaba, salí de casa por donde había entrado, bajé a la cochera, me subí a la moto y me fui.
    
    Me alejé varias cuadras sin rumbo, sin saber qué hacer, me detuve en una plaza y con la cabeza hecha un quilombo.
    
    Pensé, pensé que hacer y no sé cuánto tiempo después, decidí volver a casa.
    
    El auto de Juliana ya no estaba, volví a entrar al edificio, subí a mi departamento y volví a entrar por el lavadero, sin hacer ruido.
    
    Las tazas de café ya no estaban, ...
    ... en la habitación la cama estaba arreglada, como si allí no hubiera pasado nada.
    
    Seguía sin poder creerlo aún, ¿cómo había sido capaz Juliana de hacerme algo así? ¿Quién era esa mujer de la que me había enamorado?
    
    Fui al lavadero y dentro de la lavadora estaba las sábanas que habían sido testigos de esa traición.
    
    Tomé varias bolsas de residuos, de esas grandes de color negro, y con la amargura y el dolor que tenía, empecé a meter en ellas todo lo que encontré de Juliana, su ropa, sus calzados, sus carpetas, y todas sus mierdas de perfumería y todo lo suyo que encontré.
    
    A medida que iba llenando las bolsas, las iba dejando en el palier, fuera del departamento, ya no quería nada de esa hija de puta desalmada en mi casa.
    
    En eso estaba cuando a las tres y media de la tarde, me llegó un mensaje desde un número desconocido, al abrirlo vi que era de Juliana desde otro teléfono.
    
    -Amor, no sé dónde, pero perdí el teléfono, y te quería avisar que hoy voy a llegar a casa un poco más tarde, seguramente antes de la hora de cenar.
    
    Mi respuesta fue escueta y cortante, ya no la iba a esperar para cenar, y ni siquiera tendría casa donde volver, porque esa ya no era la suya.
    
    -Ok.
    
    Qué hija de puta, ¿se iría a coger de vuelta con el hijo de mil puta de mi padre, o con algún otro?
    
    Terminé de sacar todas sus cosas del departamento, volví a revisar cada rincón para asegurarme que nada suyo quedara, y luego me senté en el sillón y me largué a llorar, mi vida tal cual la ...
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