1. El Precio de un Deseo


    Fecha: 08/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos

    Era una de esas tardes doradas de verano, cuando el sol se derramaba perezoso sobre las calles adoquinadas del barrio. Lucía caminaba con paso ligero hacia la casa de sus vecinos, los Montenegro. Llevaba un vestido ligero, blanco, que se pegaba a sus curvas con cada brisa, y su cabello oscuro ondeaba libre sobre sus hombros. Sabía que Roberto y Elena la esperaban, como tantas otras veces, con esa mezcla de calidez y algo más, algo que nunca había podido definir.
    
    Elena Montenegro era una mujer que, a sus cincuenta y tantos años, conservaba una elegancia inquietante. Delgada, con una nariz respingada que le daba un aire de aristócrata decadente, y unos ojos oscuros que parecían perforar a quien los mirara. Su cabello castaño claro, siempre impecable, caía en ondas suaves hasta los hombros. Pero lo que más llamaba la atención eran sus nalgas, pequeñas pero firmes, que se marcaban bajo sus faldas ajustadas, como si desafiaran el paso del tiempo. Lucía siempre había sentido una extraña fascinación por ella, una mezcla de admiración y algo más… algo que no se atrevía a nombrar.
    
    —Lucía, cariño, ¡qué alegría verte! —la voz de Elena era melosa, como miel espesa—. Pasa, pasa, Roberto está en el jardín.
    
    La casa olía a flores secas y a algo más intenso, un aroma que Lucía no lograba identificar pero que siempre la hacía sentir un poco mareada. Roberto apareció en el umbral de la puerta, alto, con el pelo entrecano peinado hacia atrás, y esa mirada suya… esa mirada que recorría ...
    ... a Lucía de arriba abajo, como si estuviera midiendo cada centímetro de su cuerpo.
    
    —Hola, princesa —dijo él, con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. Qué bien te ves hoy.
    
    Lucía sintió un escalofrío. No era la primera vez que Roberto le hacía un comentario así, pero hoy había algo distinto, algo cargado en el aire.
    
    —Gracias —murmuró, bajando la vista—. El jardín está precioso.
    
    —Sí, Elena se ha esmerado —respondió Roberto, acercándose—. Aunque nada comparado contigo.
    
    Elena rió suavemente, como si aquello fuera una broma privada entre ellos.
    
    —Roberto, no la avergüences —dijo, pero su voz no sonaba a reproche—. Lucía, cariño, ven, siéntate. Te prepararé un té especial, lo probé la semana pasada y pensé en ti.
    
    Lucía asintió, sintiendo cómo la atmósfera se volvía más densa. Se sentó en el sofá, mientras Elena desaparecía en la cocina. Roberto se acomodó a su lado, demasiado cerca, sus musculosos musculos rozándole la pierna.
    
    —Has estado trabajando mucho —dijo él, su voz grave—. Se te nota cansada.
    
    —Un poco —admitió Lucía, sintiendo cómo su pulso se aceleraba.
    
    Roberto dejó caer una mano sobre su rodilla, como sin querer, pero no la retiró.
    
    —Deberías cuidarte más. Una chica joven, fértil… —su dedo trazó un círculo lento sobre su piel—. El mundo es peligroso.
    
    Lucía tragó saliva. No sabía qué responder. Afortunadamente, Elena regresó en ese momento, llevando una bandeja con una taza humeante.
    
    —Aquí está —dijo, entregándole el té con una sonrisa ...
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