1. El Precio de un Deseo


    Fecha: 08/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos

    ... que Lucía no supo interpretar—. Bebe, verás cómo te relaja.
    
    El líquido era dorado, con un aroma dulce y especiado. Lucía lo probó, sintiendo cómo el calor se expandía por su garganta.
    
    —Está… raro —dijo, entre sorbo y sorbo.
    
    —Es una receta antigua —explicó Elena, sentándose frente a ella, cruzando las piernas con lentitud—. De mi familia.
    
    Roberto observaba a Lucía con intensidad, sus ojos oscuros brillando con algo que ella nunca había visto antes.
    
    —Poco a poco —murmuró él—. Déjate llevar.
    
    Lucía comenzó a sentir cómo el mundo a su alrededor se volvía borroso, como si estuviera bajo el agua. Pero no era desagradable… al contrario. Una oleada de calor recorrió su vientre, y entre sus piernas comenzó a latir un deseo que nunca antes había sentido con tanta fuerza.
    
    —Me… me siento rara —susurró, pero su voz sonó lejana, como si no fuera suya.
    
    Elena se inclinó hacia adelante, sus labios rozándole la oreja.
    
    —Es normal, cariño —susurró—. El té hace efecto.
    
    Roberto, sin decir nada, deslizó una mano por su espalda, sus dedos ardientes a través de la tela del vestido. Lucía quiso protestar, pero las palabras murieron en sus labios. Solo podía sentir… y lo que sentía la estaba consumiendo.
    
    El mundo se desvaneció un poco más. Y supo, en algún rincón de su mente, que nada volvería a ser igual.
    
    La luz del amanecer se filtraba entre las persianas como cuchillas doradas, cortando la penumbra de la habitación. Lucía parpadeó, confundida, sintiendo el peso de ...
    ... su propio cuerpo contra las sábanas revueltas. Su cabeza latía con un dolor sordo, como si alguien hubiera martillado contra sus sienes toda la noche. Y algo más… una sensación extraña, húmeda, entre sus muslos.
    
    Se incorporó con un gemido, mirando alrededor. Estaba en su casa, en su cama, vestida con una camisola que no recordaba haberse puesto. Los últimos recuerdos llegaron a su mente en fragmentos: el té dorado, la mirada de Roberto, la mano de Elena acariciándole el pelo… y luego, nada. Nada más que un vacío nebuloso, como si alguien hubiera arrancado páginas enteras de su memoria.
    
    —¿Qué mierda…? —murmuró, frotándose los ojos.
    
    Su boca sabía a hierbas amargas, a algo que no era el alcohol habitual. Se levantó tambaleante, sintiendo cómo el suelo se movía bajo sus pies. En el espejo del baño, su reflejo la devolvió pálida, con ojeras profundas y los labios ligeramente hinchados.
    
    —No puede ser… —susurró, tocándose el cuello, donde una marca rosada, casi imperceptible, asomaba bajo la clavícula.
    
    El timbre de la puerta la sobresaltó.
    
    —Lucía, cariño, ¿estás bien? —la voz de Elena, dulce y preocupada, traspasó la madera.
    
    Lucía contuvo el aire. No quería verlos. No ahora. Pero sus piernas la llevaron hacia la puerta antes de que pudiera decidir lo contrario.
    
    Elena estaba impecable, como siempre, con un vestido de lino beige que ceñía su delgado torso. Sus ojos oscuros escudriñaron a Lucía con una mezcla de curiosidad y algo más… ¿amusement?
    
    —Pareces un ...
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