-
El mecánico del coche me cobró de más
Fecha: 10/01/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
... Bajo la mirada, avergonzado, y murmuro: “No, solo… estaba mirando el ordenador.” Él se ríe bajo y dice: “No me jodas, te he visto fijarte.” Me pide que le ayude a mover una caja de herramientas pa’ “tener más espacio”, y me acerco, diciendo: “Vale, pero no quiero ensuciarme.” Al levantarla juntos, siento el calor de su brazo rozando el mío, y él suelta: “Tranquilo, chaval, aquí se mancha, pero no pasa ná.” El calor sube en el taller, y él se pasa una mano por la frente, gruñendo: “Joder, hace un calor que no veas, ¿te importa si me quito la parte de arriba del mono?”. Asiento, rojo de vergüenza, y digo: “Claro, haz lo que quieras.” Se desabrocha la parte de arriba con un movimiento lento, dejándola colgando a los lados, y debajo lleva una camiseta vieja, manchada de grasa, que deja ver un torso ancho, velludo y fuerte, con músculos que aún conservan la forma de décadas de ejercicio. Se sienta otra vez, apoyando las manos en las rodillas, y dice: “Esto del curro me deja el cuerpo pidiéndome un respiro, ¿tú qué haces pa’ desconectar, chaval?”. Me quedo callado, y él me mira fijamente, captando cómo mis ojos vuelven a su entrepierna. “No sé, a veces veo la tele,” digo, bajando la mirada. Él sonríe más, ajustándose el paquete sin prisa, exhibiéndose un poco, y añade: “Te he pillado mirándome otra vez, ¿eh? No te hagas el tímido.” Digo, nervioso: “Joder, no quería… solo se nota mucho.” Él se ríe y suelta: “Normal, chaval, es lo que hay. Si te mola, quédate a ver. A mí no me ...
... molesta.” Desabrocha un poco más el mono, y saca su rabo por encima del pantalón: no es excesivamente largo, pero joder, es una de las pollas más gordas que he visto en mi vida, gruesa como un puño, con venas marcadas que palpitan bajo la piel. Lo acaricia despacio, mirándome fijo, y dice: “Sé que lo estás deseando, chaval. Venga, chúpamela si quieres, que te hago un favor.” Me quedo paralizado, con el pulso acelerado, y digo: “Joder, tío, no sé si debería…” Él me corta, con un tono rudo pero calmado: “Tranquilo, chaval, aquí no pasa ná. Acércate, que lo disfrutes tú también.” Me arrodillo despacio, rojo de vergüenza, y digo: “Es que… nunca he hecho esto.” Él me anima, rudo pero paciente: “Venga, chaval, no te rayes, yo te guío. Hazlo a tu ritmo.” Siento su mano en mi nuca, guiándome con firmeza, y su rabo me llena la boca, pesado y caliente. Lo chupo con cuidado, dejando que mi lengua recorra cada vena, y el sabor salado me golpea, una mezcla de sudor y hombre que me hace marear. Es tan gordo que apenas cabe, estirando mis labios, y mi mente se llena de pensamientos confusos: vergüenza por estar aquí, deseo por su tamaño, miedo a que alguien entre. Gimo bajito, y él murmura: “Joder, sí, así, chaval, dale con ganas.” Digo, entrecortado: “Es muy gordo, tío, no sé…” Él ríe y responde: “Tranquilo, chaval, tú mandas el ritmo, pero no pares.” Sigo, saboreando su piel áspera, el grosor llenándome la boca, y pienso en cómo nunca había sentido algo tan abrumador, cómo mi cuerpo ...