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Placer en la enfermeria
Fecha: 11/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Infidelidad Sexo con Maduras Autor: Johan19, Fuente: SexoSinTabues30
... cuidado, no podía evitar que mi mirada se deslizara por su anatomía, descubriendo la promesa de lo que se escondía en sus interiores apretados. Su pene ya se erguía con orgullo, pidiendo atención. Mi corazón latía con cada pulso que se acercaba a mi boca, la tentación era demasiada. Con la excusa de revisar la herida, deslicé mi dedo por su muslo, acercando mi rostro a su miembro, que se movía con cada respiración que daba. Sentí su respiración acelerarse, su pecho subía y bajaba ansiosamente. – Ma’ Ingry – balbuceó, su voz temblorosa. Su respiración se agitó, y en un acto de impulsividad que no pude contener, mi boca se posó suavemente en la punta de su miembro, que ya se erguía por encima de sus calzoncillos. El sabor salado de su pre-eyaculado se esparcía por mis labios, haciéndome ansiar por más. Su reacción fue inmediata, jadeando profundamente y aferrando mi cabello. – No le digas a nadie, Pablo – susurré, saboreando su delicioso miembro en mi boca. Mi acción tomó por sorpresa al joven, que apretó aun mas mi cabello. Sus ojos se cerraron y su rostro se crispo de placer, un sonido sibilante escapando de sus labios. Empecé a mover mi boca lentamente, acariciando suavemente su pene con la punta de mi lengua, saboreando cada centímetro de su piel suave y caliente. Sus piernas se estremecieron y su respiración se volvió jadeante, su miembro crecía a cada movimiento que hacía. Mi boca se deslizó por su pene, succionando con suavidad, acelerando el ritmo a ...
... medida que me acostumbraba a su tamaño. Sus manos se aferraron a mi cuello, guiando mis movimientos con la intensidad de su propio placer. Su miembro se endurecía aun mas, llenando mi boca, despertando deseos que creía enterrados. – Ahh… – se quejó Pablo, su cara reflejando la delicia de la sensación. Mis manos se deslizaron por su pecho, acariciando sus pezones que se endurecían al ritmo de mi boca. Su respiración se volvía cada vez más agitada, y su miembro palpitaba en mi boca. No pude resistir la tentación de introducirlo más, haciéndole sentir mi calor y mi humedad. – Ma’… Ingry… – jadeó Pablo, sus ojos abriéndose de par en par, la sorpresa dando paso a la excitación. Su reacción me llenó de alivio y emoción. Estaba haciendo lo correcto, no podía evitar el deseo que sentía por el. Seguí con mi tarea, mi boca deslizando por su miembro cada vez mas veloz, mis labios apretando cada centímetro que podía, mi garganta relajada para que su verga pudiera entrar cada vez mas adentro. Sus quejidos se hicieron mas fuertes, sus dedos apretando mas mi cabello, guiando la profundidad de cada embestida que su pene daba en mi boca. Pablo intentó contenerse, jadeando mi nombre una y otra vez. Su prepucio se estiraba al ritmo de mi boca, su glande chocando contra el fondo de mi garganta. La sensación era indescriptible, la dulzura del placer que le daba a un niño de 11, la inocencia que se desvanecía con cada gemido. De repente, sentí su miembro engrosarse aun mas en mi ...