1. El esposo del Mafioso. Cap XII


    Fecha: 11/01/2026, Categorías: Gays Autor: Fiore, Fuente: TodoRelatos

    ... entender los sentimientos de su hermano.
    
    Pietro lo miró. Lento. Peligroso. Pero Alonzo no desvió la mirada.
    
    —Te estás arriesgando, Pietro.
    
    —Ya me estoy arriesgando desde el momento en que nací con este apellido —le dijo, apagando el cigarro en el cenicero—. La boda fue mi decisión. El contrato fue mi jugada. Si la organización quiere cuestionarlo, pueden intentar levantar la voz.
    
    —¿Y el ataque en la playa? ¿También fue por tu apellido?
    
    El silencio se volvió espeso.
    
    —Fue por Augusto. Por lo que representamos juntos. Por lo que estamos provocando.
    
    Alonzo bajó la mirada. Se pasó una mano por la nuca.
    
    —Entonces no solo estás peleando con tus enemigos. Estás peleando con los tuyos también.
    
    —Siempre ha sido así.
    
    —¿Y vale la pena?
    
    Pietro se puso de pie. Caminó hacia la ventana. Su reflejo se proyectaba débilmente sobre el cristal. Allí estaba: el hombre que todos temían, el líder intocable… pero con los ojos más cansados que nunca.
    
    —Yo espero que sí —respondió—. Pero si lo dejo ir, nunca lo sabré.
    
    Alonzo se levantó también, entendió que su hermano estaba siendo guiado por sus sentimientos, si no... no arriesgaría todo, caminó hasta él y le dio una palmada fuerte en la espalda.
    
    —Sea lo que sea, estoy contigo. Pero si algún día necesitas que te diga las cosas como son… sabes que no me voy a callar.
    
    Pietro asintió, sin voltear.
    
    —Lo sé. Por eso me alegra que estés aquí.
    
    —Y dime... ¿vas a invitarme a la cena o también tengo ...
    ... que firmar un contrato para eso?
    
    Pietro soltó una carcajada ronca y le dio un leve empujón.
    
    —Vete a la mierda.
    
    —Con gusto, pero después de la cena. Estoy hambriento.
    
    Augusto bajó las escaleras con el cabello aún húmedo, vistiendo una camiseta gris y un pantalón cómodo. Se había duchado rápido, intentando sacarse de encima la mezcla de sudor y tensión del entrenamiento.
    
    La cena estaba servida y el ambiente en la mesa era mucho más relajado que en ocasiones anteriores. Pietro y Alonzo hablaban en voz baja, intercambiando anécdotas de la infancia, y Augusto escuchaba en silencio, sintiéndose por primera vez como parte de algo... familiar.
    
    —¿Y tú cómo estás? —preguntó Pietro, dirigiéndose directamente a Augusto mientras le servía un poco más de vino.
    
    —Bien. Un poco adolorido —respondió, sonriendo levemente—. Pero bien.
    
    Pietro desvió la mirada de su copa para fijarse en Augusto. El cuello de la camiseta dejaba ver una ligera marca rojiza en su clavícula. Su ceño se frunció.
    
    —¿Fue por entrenar?
    
    —Sí —respondió Augusto, tomando un sorbo de agua—. Alonzo no se contuvo.
    
    —Estaba enseñándole defensa. —Alonzo levantó las manos— No fue intencional.
    
    —Deberías tener más cuidado —dijo Pietro en tono seco, pero su mirada seguía clavada en Augusto.
    
    —Estoy bien —replicó él, sin levantar la voz.
    
    Augusto bajó la mirada con una sonrisa tímida. Se sentía bien. Tranquilo. Por primera vez en mucho tiempo, una cena no se sentía como un campo de batalla ...
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