1. El esposo del Mafioso. Cap XII


    Fecha: 11/01/2026, Categorías: Gays Autor: Fiore, Fuente: TodoRelatos

    CAPÍTULO 12.
    
    FRATELLO
    
    Augusto se quedó rígido unos segundos. ¿Quién era ese tipo? ¿Otro socio? ¿Un conocido de Pietro? ¿Un antiguo amante?
    
    —Sí… mucho gusto —respondió al fin, incómodo por la familiaridad.
    
    —Bienvenido, señor Alonzo. El señor Pietro no se encuentra en casa —intervino Martina, la ama de llaves, con una sonrisa cordial.
    
    Augusto parpadeó. ¿Alonzo?
    
    Claro. Ahora lo veía. La sonrisa, los ojos… era el hermano pequeño de Pietro. No lo había reconocido de inmediato. Habían pasado años desde la última vez que lo vio, y el niño de entonces ya no estaba. En su lugar había un joven adulto ya, más parecido a su madre en actitud, pero con los mismos ojos de fuego que Pietro.
    
    —Gracias, Martina —respondió él, abrazándola también.
    
    Alonzo volvió a mirar a Augusto, notando su maleta deportiva.
    
    —¿Vas al gimnasio? Yo también tenía ganas de entrenar. Te llevo —ofreció, señalando su auto con la cabeza.
    
    —Está bien… gracias —respondió Augusto, todavía procesando la sorpresa.
    
    Durante el trayecto, Alonzo mantuvo la conversación ligera y bromista. Era imposible no notar lo diferente que era de Pietro. Hablaron de la boda y el contrato, del ataque en su luna de miel. De la bonita villa en la que él había crecido con unas hermanas de su madre.
    
    Aunque compartían rasgos físicos, en esencia parecían dos polos opuestos. Pietro era intensidad, dominio. Alonzo, en cambio, era luz, simpatía.
    
    Augusto lo escuchaba con atención, recordando que después de la ...
    ... muerte de su madre, Pietro y su padre habían decidido alejar a Alonzo del mundo de la mafia. No por falta de capacidad, sino por amor. Por protección.
    
    Y sin embargo, ahí estaba. De vuelta en Palermo. Al volante de un auto lujoso. Camino al gimnasio de la organización.
    
    El gimnasio estaba lleno de ruido metálico, respiraciones fuertes y el eco constante de pesas cayendo al suelo. Era un espacio amplio, con el aroma denso del sudor y la testosterona en el aire. La élite de Pietro.
    
    En cuanto Augusto cruzó la puerta con Alonzo, el ambiente cambió. Las conversaciones bajaron de volumen. Algunos se giraron a mirarlo abiertamente. Otros lo observaron por el reflejo de los espejos, como si intentaran no ser descubiertos.
    
    Pero lo veían. Y no de la forma en que uno quisiera ser visto.
    
    Antes, cuando iba de vez en cuando al gimnasio, pasaba desapercibido. A lo mucho, un par de saludos indiferentes. Sabían quién era, sí, pero no era una figura relevante en la organización. No se mezclaba en misiones ni cargaba armas. Era solo el hijo de Claudio. Un nombre, un apellido. Nada más.
    
    Pero ahora… Ahora todos sabían que era el esposo de Pietro. El marido del jefe.
    
    Y eso lo convertía en algo más que visible. En objeto de murmuraciones. De especulaciones. De envidia.
    
    Las miradas lo recorrían de arriba abajo. Algunas con una burla disfrazada. Pero las más peligrosas eran las que traían rencor. Juicio. Como si cada músculo trabajado en ese gimnasio sintiera que Augusto había ...
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