-
La vecinita Rosy (parte I): La llegada
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: DonBerna, Fuente: CuentoRelatos
Mi nombre en Bernardo. Esta historia me sucedió cuando tenía cuarenta años. Hace ya algunos ayeres, allá por el 2010. La casa de al lado duro mucho tiempo en renta. Renteros iban y venían. Hasta que finalmente fue habitada por su dueña; Roxana, una señora recién divorciada, y Rosy, su hija de 16 años. Rosy tenía estatura de acaso unos 1.50 m, muy chaparrita; pero que ya se le empezaba a notar los cambios físicos que ofrece la llegada a la bendita adolescencia. Rosy cursaba la preparatoria, y su madre, Roxana, tenía un negocio de venta de ropa que requería estar ausente en su casa de manera constante. Por lo que era común que Rosy se anduviera o estuviera sola en su rutina diaria. Para ello, teníamos una relación de vecinos muy cordial de ayuda mutua; ya saben, prestamos de herramienta, tazas de azúcar, etcétera. Sobre todo, como yo conocía algo de sistemas computacionales, era muy común que me buscara para ayudarle con la configuración de su laptop, la instalación de algún programa, repararle de algún virus o cualquier otro pormenor relacionado a ello. Por mi lado, nunca he aparentado mi edad, y siempre he tratado de conservarme en forma y activo. Así que era muy común que las vecinas me vieran haciendo algo en la casa. Ya fuera cortando el césped, pintando la casa, lavando el auto, y demás actividades de reparación o mantenimiento. Se volvió muy común saludarnos de “¡Hola vecino! ¡Que trabajador!”, y yo respondía con un “¡Hola vecina! Aquí nomas”. Pero cuando ...
... solamente era Rosy, agregaba alguna adulación extra en los saludos… “¡Que guapo vecino, tan trabajador!” … “a ver si luego se pasa para acá para pintar el barandal”. Conforme la pequeña Rosy iba creciendo, las adulaciones iban cambiando con connotaciones de doble sentido… en una ocasión, cuando estaba barriendo la cochera después de terminar de hacer una carne asada, me dijo “¡Ay vecino, luego se pasa a mi cuarto a recogerme también! ¿he?” … o cuando estaba colocando sellador para lluvia en las paredes con brocha, me dijo “¡Hola vecino! A ver si me presta su brocha y le echa una manita para pintar mi casa por dentro ¿he?”, y soltaba una sonrisa pícara. Yo solo me limitaba a reírme, pero no veía con malicia ni mal intencionado su forma de saludar. A veces cuando iba a mi casa a buscar de mi ayuda, o cualquier otra excusa; me encontraba leyendo o viendo alguna película (dos de mis aficiones más arraigadas); y aprovechaba el motivo para quedarse a platicar. Platicábamos de todo un poco; de música, libros, cine o cualquier otro tema que fuera tendencia; al parecer le gustaba que le diera mi punto de vista de cualquier tema que se le viniera en mente. A ella le llamaba la psicología y nos entreteníamos analizando películas. En otras ocasiones me pedía que le recomendara algún libro sobre determinado tema o género, lo que gustoso le compartía. Fue por eso por lo que le empecé a llamar la atención, pues los chicos de su edad no tenían tema de conversación, además que se ...