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La vecinita Rosy (parte I): La llegada
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: DonBerna, Fuente: CuentoRelatos
... entretenían con cosas de futbol o videojuegos. Eso me lo hizo saber más delante, pero en ese momento no tenía idea que ella me veía de ese modo. Cuando llegó a los dieciocho años, los coqueteos fueron más evidentes. Pero yo no fui quien se dio cuenta. Fue mi esposa que me llego a decir “¿No te das cuenta de que la vecinita se te queda viendo mucho? El día que estabas plantando el árbol frente a la casa, ella venia caminando y desde cuadras antes no te quitaba la mirada”, y yo de “Ha, ¿sí? No, no me había dado cuenta”; “nomas ten cuidado, no te vaya a meter en algún problema” me dijo en tono de advertencia. Llegue a pensar que solo eran paranoias de una esposa celosa; pero en otra ocasión un amigo que andaba de visita también me hizo una observación similar cuando tocaron la puerta y fui a ver quién era; ahí estaba la pequeña Rosy en una pose muy coqueta y con un escote muy pronunciado, había ido con la excusa que le prestara el baño porque había olvidado las llaves de su casa y su mama no estaba; pero cuando ella se percató que estaba mi amigo, cambio de actitud y hasta se cubrió su escote de manera casi inmediata. Le di el pase al baño y después se fue. Mi amigo se me quedo viendo con cara de interrogatorio y me dijo en tono de burla “¡Caray, cabrón! ¡Como la traes! De seguro ya te las estas cogiendo ¿verdad?”. Y yo con cara de incertidumbre le respondí “¡Nooo! ¡¿Cómo crees eso?! Está bien chiquilla, hasta podría ser mi hija, además es como de la ...
... familia”. -Pues a lo mejor tú la ves así, pero ella a ti no. ¿no me digas que no te has dado cuenta? –me seguía recalcando mi amigo. Esas dos anécdotas fueron determinantes. Fue entonces que ya me había sembrado la duda y la idea de la posibilidad de que llegara a ocurrir algo entre la pequeña Rosy y yo. Fue entonces que la empecé a mirar con otros ojos, y notar que ya su cuerpo había cambiado, y ya no era la niña que había llegado a vivir al lado de mi casa hace dos años. Caí también en cuenta que sus senos y glúteos habían crecido, su cintura se había delineado y sus caderas ensanchado. Sin embargo, su estatura no había cambiado del todo y seguía conservando sus 1.50 metros de cuando la vi por primera vez, pero con más curvas; de hecho, sus curvas de adolescente se resaltaban aún más, por lo compacto de su cuerpo. Así que decidí cambiar mi actitud hacia ella y empecé a seguirle el juego; si es que así lo era, de otro modo, solo me vería como un viejo rabo verde. La empecé a saludar de igual modo en que ella lo hacía, y empecé a hablarle en doble sentido o a decirle piropos, a ver como reaccionaba. “¡Buenas las tenga, y mejor las pase!” le decía, y ella me respondía “Pues cuando usted quiera, vecino” … y ambos nos reíamos. O cuando me veía haciendo algún retoque a la casa y ella me decía “luego se pasa para acá, a seguirle a mi casa”, ya no me quedaba callado y le respondía con cosas como “cuando quieras chaparrita, voy y te limpio lo que se le ofrezca”; y ahí empezaron las ...