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TIERNO INICIO, FINAL SALVAJE capítulo 1
Fecha: 13/01/2026, Categorías: Lesbianas Autor: ramonfons, Fuente: TodoRelatos
Desperté tarde, envuelta en el perfume agrio del semen seco. El parquet seguía manchado, mi piel aún olía a hombres y sudor. Sonreí como una diosa traviesa: qué bien sabe ser tan puta. Una ducha rápida, café cargado y un mensaje: «Voy para allá. Mónica». Me mordí el labio. Sabía que querría saberlo todo. Abrí todas las ventanas para airear el salón aunque era consciente que sería difícil de eliminar el acre olor a sexo desenfrenado. Cuando abrió la puerta, la vi parada en el umbral, mirándome con esos ojos de pantera domesticada. Llevaba un vestido blanco, ligero, sin sujetador. Sus pezones marcaban la tela como dos balas listas para estallar. —Buenos días, golfa —me dijo sonriendo, acercándose para besarme lento, sin prisa. Sus labios tenían sabor a menta. —Buenos días, jefa —susurré, mordiéndole suavemente la comisura. La dejé entrar, cerré la puerta. Nos sentamos en el sofá, justo encima de la mancha que no quise limpiar. Quería que oliera la escena. Ella respiró hondo, sus fosas se dilataron. Entendió todo sin una palabra. —Así que anoche… ¿te portaste como sabes? — preguntó, rozándome la rodilla con la punta de sus dedos. —Cuatro a la vez, Mónica. Me follaron la boca, el coño y el culo hasta dejarme tirada aquí, goteando como una perra. —Mi voz apenas era un susurro, pero sentí su temblor en mis palabras. Mónica cerró los ojos, se mordió el labio inferior. Me acarició la cara, como si quisiera borrar cualquier resto de otro hombre. —Qué zorra ...
... más perfecta eres, Amparo… —susurró. Sus labios bajaron a mi cuello. Un beso húmedo, otro más abajo. Su lengua delineó mi clavícula. Me derretí. —¿Te gustaría que me portara igual de mal contigo? —le reté, pegando mi boca a su oreja. Ella soltó una risita suave, me subió la camiseta sin pedir permiso y atrapó un pezón entre sus labios. Lo chupó suave, lento, hasta que estuvo duro como una cereza. Lo mordió apenas, haciéndome gemir. —Conmigo no hace falta que te portes mal —murmuró—. Contigo me basta que seas mía. Me tumbó en el sofá, se acomodó entre mis piernas. Sus manos viajaban despacio, despellejándome la ropa, abriéndome como si fuera un regalo caro. Cada roce era tierno, cada caricia me dejaba más abierta, más vulnerable. Mi coño palpitaba, tibio, mojándose de nuevo, ahora para ella. Mónica levantó la cabeza, me miró con esa sonrisa ladina. —¿Sabes quién nos está mirando? —dijo señalando la cortina corrida a medias. Giré la cara: Antonio, pegado a su ventana, la polla en la mano, su mirada de cerdo adicto a mí. —Déjalo —le dije, empujando su cabeza entre mis muslos—. Que vea cómo me comes. Que se mate a pajas. Mónica soltó una carcajada ronca antes de hundir la lengua en mí. Al principio fue suave: besos en mis labios hinchados, mordisquitos tiernos en mis pliegues, respiración lenta y cálida. Me acariciaba el clítoris con la punta de la lengua, dibujaba círculos tan lentos que nunca terminara. Pero cuando miró de reojo a Antonio, ...