1. TIERNO INICIO, FINAL SALVAJE capítulo 1


    Fecha: 13/01/2026, Categorías: Lesbianas Autor: ramonfons, Fuente: TodoRelatos

    ... algo salvaje brilló en sus pupilas. Gruñó contra mi coño, abrió más mis piernas y me clavó la lengua como un puñal caliente. Me lo lamía como si quisiera sorberme el alma. Mi espalda se arqueó.
    
    —¡Mónica… más… más fuerte, hija de puta! —grité, olvidando que nos escuchaba.
    
    Me agarró las caderas, me sostuvo quieta para devorarme sin compasión. Mis gemidos se mezclaban con el sonido de su lengua chasqueando dentro de mí.
    
    La vi meter una mano bajo su vestido. Jugaba con su propio coño mientras me destrozaba de placer. Le tiré del pelo, la obligué a mirarme mientras me rugía contra el clítoris:
    
    —¡Trágate todo, zorra!
    
    Ella me dio un azote en la nalga, otro más fuerte, sin sacar la lengua de mi coño. Antonio gemía al otro lado del cristal, manchando su ventana con su leche mientras nos veía.
    
    Mónica se levantó un segundo, se bajó el vestido de un tirón y se sentó a horcajadas sobre mi boca, chorreando sobre mis labios.
    
    —Ahora me la comes tú, perra… —jadeó.
    
    La lamí como si me pagaran por ello. Sabía a sal, a humedad, a diosa sudorosa. Metí la lengua tan adentro que casi la hice gritar. Ella me azotaba, se frotaba contra mi cara, el coño empapado resbalándome por la nariz y la barbilla.
    
    De reojo, vi a Antonio correrse otra vez. Mónica lo vio también. Me agarró la cabeza y me susurró con voz de demonio:
    
    —Que se la machaque todo lo que quiera… Hoy somos putas, pero solo entre nosotras.
    
    Mónica montaba mi cara como una diosa obscena, sus rodillas a cada ...
    ... lado de mi cabeza, su coño resbalándome por la boca abierta, su clítoris palpitando entre mis labios. La oía gemir, reírse, insultarme entre jadeos.
    
    —Más lengua, puta mía. ¡Chúpatelo todo!
    
    Yo la obedecía con gusto, sorbiéndola, hundiendo la lengua, sacándola para frotar su clítoris duro. Mis manos la agarraban de las nalgas, las apretaban con furia. Notaba su jugo empapar mi barbilla, gotear por mi cuello, y cada gota me encendía más.
    
    De pronto, Mónica se bajó de mi cara de un tirón. Me miró con los ojos encendidos, con la respiración rota, y me dio una bofetada suave —más juguetona que cruel.
    
    —Quietecita. Ahora te quiero atada.
    
    Se levantó, caminó desnuda hasta la mesa, cogió mi cinturón y unas cintas de tela que guardaba en un cajón. Volvió a mí como un animal de caza.
    
    —Dame las manos, perra.
    
    Se las di, dócil, hambrienta. Me ató las muñecas juntas, fuerte, lo justo para que sintiera la presión. Luego las pasó por encima de mi cabeza y las sujetó al respaldo del sofá.
    
    —Piernas bien abiertas —ordenó.
    
    Las abrí tanto que sentí un tirón delicioso en los muslos. Mónica se colocó entre ellas, se arrodilló, y con dos dedos me abrió el coño de par en par, exponiéndome sin pudor.
    
    —Mira, Antonio —gritó hacia la ventana abierta de par en par—. Mira cómo la dejo: abierta, rendida, mía.
    
    Escupió en mi coño. Noté el espeso líquido caliente mezclarse con mi humedad. Se inclinó y me lamió con ansias. Cada pasada de su lengua me hacía temblar, mis piernas ...