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Mi primera mamada a un perro
Fecha: 15/01/2026, Categorías: Zoofilia Autor: bhorio, Fuente: TodoRelatos
No nos gustan los animales, pero mi hermana tenía que hacer un viaje y no podía dejar su perro a nadie. Tuvimos que quedárnoslo unos días. Aquella tarde mi marido estaba fuera y yo tomaba el sol en la piscina, desnuda, mientras leía Todorrelatos. No me estaba masturbando pero, de vez en cuando, acariciaba mi coño. Tarzán correteaba por ahí, asustando a los saltamontes. Lo oí acercarse mientras seguía leyendo, no le hacía caso. De repente sentí un lametón en el costado. Caliente, muy húmedo, ligeramente áspero. -¡Estate quieto! Le grité. Volví a mi lectura, pero el perro no se iba de mi lado. Otro lametón, esta vez en el Monte de Venus, me rozó ligeramente el clítoris. Me estremecí. El cuento que leía, de una madre que follaba con su hijo, mal escrito, pero muy explícito, me había puesto caliente. Estaba a punto de empezar a masturbarme mientras seguía leyendo y pensé que si Tarzán quería colaborar ¡Pues bueno! Abrí ligeramente las piernas e inmediatamente el perro empezó a lamerme el coño con su lengua ancha y firme. Tuve que cerrar las piernas porque iba a durar poco, aunque pensé que de eso se trataba: una paja rápida y a seguir leyendo, ya relajada. Abrí las piernas y subí ligeramente el capuchón de mi clítoris. Tarzán, que se había alejado un poco, parece que entendió el gesto. Se acercó y pude ver que la polla le asomaba ligeramente de su capuchón peludo. Era muy roja. Se recostó en el suelo frente a mis piernas abiertas y empezó a lamerme con lametones ...
... largos y suaves ¡Joder con el perro! Mi cuerpo se tensó, el animal aceleró el ritmo de su lengua y yo no pude aguantar más. Alcancé un salvaje orgasmo que me hizo gritar. Tarzán volvió a pasar su lengua dos o tres veces, suavemente, por los labios de mi coño. Cuando terminé de correrme lo apreté con fuerza. Tarzán se incorporó. Tenía veinte centímetros de polla asomando y me miraba. Se acercó a mí, parecía que iba a pasar de largo, pero me lamió el pezón izquierdo y avanzó justo hasta que su verga quedó a la altura de mi cara. De cerca se veía enorme. Le latía y en la punta brillaba una gota de líquido transparente. Nunca había tenido sexo con un perro, ni ningún otro animal, aunque a veces había leído y fantaseado con la zoofilia. Estábamos solos y yo quería saber qué se siente al tener la polla de un perro en la mano. Se la cogí. Estaba durísima y latía sin cesar. Intenté meneársela como a un hombre, pero Tarzán se revolvió, me lamió en la cara, levantó una pierna y puso su tranca, cada vez más gorda y más larga delante de mi boca. Un par de gotas de un fluido transparente cayeron sobre mis tetas. Intenté apartarlo pero él no se movió, avanzó un poco y su glande rozó mis labios. Yo estaba cada vez más nerviosa y excitada. No lo pensé y lamí la punta de aquel pollón. Sabía dulce y era cada vez más grande. De repente se alargó y, sin poder evitarlo, aunque seguía rodeando la polla con la mano, se metió entre mis labios. Vi que había liberado su bulbo que quedaba al ...