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ELÍAS SE EQUIVOCÓ 2
Fecha: 16/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Autor: maroso, Fuente: SexoSinTabues30
Elías no había pasado desapercibido para los jornaleros de la finca donde su abuela trabajaba de cocinera. Su aspecto contrastaba con la rudeza del campo. Cada día llevaba la merienda y el vino a los hombres y se quedaba junto al pilón donde ellos se lavaban, alcanzaba a ver sus cuerpos al desnudo, incluidos sus penes, pesados, mostrados sin pudor.Elías los miraba con una mezcla de admiración, deseo y silenciosa envidia, comparándolos con el suyo. Uno de los jornaleros, al notar su atención, comenzó asegurarse de que Elías lo veía cuando estimulaba su pene al enjabonarse. El hombre, curtido por la montaña, parecía disfrutar del juego silencioso, sonriendo apenas, como si adivinara el desconcierto del niño. En la montaña todo se sabía, y a veces hasta lo que no se sabía se inventaba. El jornalero —Pedro, de manos ásperas y risa fácil— había oído comentarios que despertaron su calentura. Una tarde, al terminar la jornada, cuando los demás ya se habían retirado, Pedro lo retuvo con un gesto. —Ven, ayúdame a traer agua del pozo —dijo, con un tono que sonaba más a invitación que a orden. Elías dudó, pero lo siguió. Caminaron en silencio hasta el borde del corral, donde el aire olía a heno fresco y tierra húmeda. Pedro llenó el cubo y lo dejó a un lado, sin prisa. Lo miró de frente, como tanteando el terreno. Pedro sonrió con una mezcla de seguridad y algo de impaciencia. Creyó que Elías era solo un juego más, un reto que podía superar. Se acercó aún más, ...
... reduciendo el espacio entre ambos, sus manos rozando al niño. —No tienes por qué temer —susurró—. Solo déjate llevar. —No tienes por qué estar nervioso, Elías —dijo con voz baja, casi un murmullo—. No voy a hacerte daño. Elías sintió el calor subirle al rostro, sintió las manos rozándole, y la presión le resultó insoportable. Tartamudeó, buscando palabras que no llegaban. —Yo… no… —dijo, apartando la mirada—. No sé qué… qué espera de mí. Pedro sonrió, como si la duda del muchacho fuera parte del juego. —Nada que no quieras dar. Aquí nadie te va a forzar. Pero si no lo intentas, nunca sabrás qué podría pasar. Elías tragó saliva y quiso decir algo más, pero el miedo lo paralizó. En un movimiento inesperado, dio un paso atrás y salió corriendo, dejando a Pedro con la miel en los labios. Pedro se quedó quieto un instante, sonriendo para sí. Pensó que Elías se hacía el duro, que era solo una fachada para ocultar lo que realmente quería. Estaba seguro de que el niño se dejaría hacer la cola. Esa misma noche, cuando la oscuridad cubriera la montaña, lo tomaría. La noche en la finca estaba muda. Un crujido en el pasillo le abrió los ojos. La puerta chirrió apenas, y una sombra ancha llenó el marco. —¿Quién…? —susurró. No hubo respuesta. Solo pasos pesados acercándose. —Shhh… —dijo el hombre, y el olor fuerte de sudor y tabaco invadió el cuarto. Elías se incorporó en la cama. —No… no… —Cállate, cabro —le cortó con tono frío, de mando. La mano grande le ...