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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... día. La niña, como si entendiera, escondió su carita en su cuello y gimoteó suavemente. Leandro sintió una extraña calidez en el pecho. Le dio besos en la mejilla, le acarició el cabello con ternura y, tras unos minutos, Sabrina pareció resignarse. Cuando finalmente la dejó en los brazos de su padre, ella lo miró con ojos grandes y brillantes, con una expresión que casi parecía un reproche. Se despidió con una última caricia y salió de la casa. Al llegar a su departamento, revisó su teléfono y vio varias llamadas perdidas. Mensajes sin leer. Su madre, su padre, sus hermanos. Todos preguntándole dónde estaba, por qué no había asistido al almuerzo familiar de los domingos. Y, como siempre, el tono de los mensajes se tornaba cada vez más hostil. "¿Otra vez desaparecido?" "¿Te fuiste de juerga y ahora estás con resaca, no?" "Por eso nunca lograrás nada en la vida." Suspiró y dejó el teléfono sobre la mesa sin contestar. Ya estaba acostumbrado. Se dirigió al baño y se quitó la ropa con rapidez. Siempre había sido una persona pulcra, casi obsesiva con la limpieza. En verano, podía bañarse hasta tres veces al día. Desde anoche había querido hacerlo, pero en la casa de Gerónimo no se había sentido cómodo invadiendo más su intimidad. El agua caliente relajó sus músculos y despejó su mente. Después de vestirse con ropa cómoda, intentó distraerse. Prendió la televisión, pero ninguna película o serie lograba ...
... atraparlo. Intentó revisar unos informes de trabajo, pero no logró concentrarse. El fútbol no empezaría hasta la noche. Miró por la ventana. El día estaba hermoso. El sol brillaba con intensidad, pero el viento fresco equilibraba la temperatura. Era el clima perfecto para salir a caminar. El parque cercano a su casa estaba repleto de gente. Familias con niños corriendo de un lado a otro, parejas sentadas bajo los árboles, ancianos alimentando a las palomas. El lago, de aguas verdosas, reflejaba el cielo con un brillo particular. Leandro caminó hasta la orilla, donde solía quedarse a observar. Era un lugar que le traía paz. Siempre había soñado con venir aquí con su propia familia. Pero hasta ahora, siempre había estado solo. Suspiró, con las manos en los bolsillos, y dejó que la brisa le despeinara el cabello. Y entonces los vio. A unos metros de distancia, sobre una manta extendida en el césped, Gerónimo y Sabrina disfrutaban del día. El padre estaba sentado con las piernas estiradas, vigilando atentamente a su hija, que jugaba cerca del agua con una energía inagotable. Se veía relajado, en paz. Sabrina, por su parte, reía a carcajadas mientras intentaba acercarse más y más al lago. Gerónimo negaba con la cabeza, divertido. —No, pequeña. No puedes meterte ahí. Pero la niña, testaruda, se aferraba a la idea con emoción. Leandro no pudo evitar sonreír. Se quedó observándolos por un rato. Se veían… felices. Una imagen ...