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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... palabras, sino con hechos, con la verdad de lo que compartían. En ese momento, Gerónimo sintió el peso de Sabrina en sus brazos, su pequeña, que no entendía todo lo que sucedía, pero cuya presencia era un recordatorio del amor que los unía. Al ver a su hija, algo cambió en el aire. Un sonido, un simple ruidito que hizo Sabrina mientras se movía, rompió el silencio. Fue tan pequeño, tan insignificante, pero en ese instante, para todos, fue como si el tiempo se hubiera detenido. Las miradas duras se suavizaron, los rostros se relajaron. El padre de Leandro, que parecía dispuesto a decir algo más, se detuvo. El tono de su expresión se atenuó, como si, de alguna manera, la niña hubiera ablandado lo que había en su corazón. El padre, con una sorpresa palpable en su rostro, extendió su mano hacia Gerónimo, un gesto que, en su sencillez, habló más que mil palabras. Nadie dijo nada, pero la mano extendida fue un símbolo de aceptación, de reconocimiento. No era una aprobación completa, no aún, pero era el primer paso hacia ella. Gerónimo miró esa mano, dudó por un segundo, pero luego, con la pequeña Sabrina aún en sus brazos, la aceptó. A lo lejos, la sonrisa de Leandro se dibujó en su rostro, casi imperceptible, pero llena de un alivio profundo. Por fin, el primer obstáculo se había superado, y aunque no sabían qué depararía el futuro, algo en su corazón les decía que todo iba a estar bien. —Buenas tardes. Me hubiese gustado que hubieran avisado que venían… para preparar ...
... más comida. Es un placer conocerte. Siéntete como en tu casa. El ambiente en la sala cambió. La tensión se desvaneció, y las sonrisas empezaron a aparecer. A medida que los hermanos se acercaban para saludarlo y hacerle espacio en la mesa, Gerónimo no podía dejar de sentir una gratitud profunda. La familia de Leandro, aunque al principio desconfiada, había comenzado a aceptar lo que él representaba para su hijo. Y no solo eso, sino que Sabrina, su pequeña, les había ganado a todos. A cada beso y a cada abrazo que le daban, el amor en la habitación crecía. Esa noche, al regresar a su hogar, Leandro y Gerónimo se miraron en la habitación con una sonrisa. Se sentían más fuertes que nunca, como si todo lo que habían vivido hasta ese momento los hubiera preparado para dar el siguiente paso. No estaban nerviosos. Sabían que se amaban. Y aunque todo lo demás aún estuviera en construcción, ellos ya se sentían completos. Cuando finalmente se entregaron el uno al otro esa noche, no era solo un acto físico. Era el resultado de todo lo que habían vivido juntos, de las inseguridades superadas, de las emociones compartidas. No se trataba de quién era el activo o el pasivo; se trataba de ser el uno para el otro en cada momento. Era una promesa de amor eterno, un amor que no se definía por etiquetas, sino por lo que ellos significaban el uno para el otro. El amor es puro, no importa qué forma tome. Y para ellos, en ese momento, el amor no tenía límites. La vida, el destino, como ...