1. Accidente Incestuoso (3): Nueva invitada


    Fecha: 18/01/2026, Categorías: Incesto Autor: pocolillo, Fuente: CuentoRelatos

    ... yo, va a salir, pero mucha leche, mientras mi mano se había metido por el pantalón y buscaba mi sexo, que estaba mojado por todo aquello.
    
    Mi madre comenzó a pajear a mi hermano, él tenía cerrados los ojos, su polla estaba gordísima, mi madre jadeaba al ritmo de su mano, mi hermano también.
    
    –La verdad es que es enorme –comenzó a decir– se te pone increíblemente grande.
    
    Los movimientos iban acelerándose, los míos también, me frotaba con fuerza el clítoris al mismo ritmo que mi madre pajeaba a mi hermano, mis pezones estaban muy duros, el espectáculo era dantesco. Ella seguía pajeándolo.
    
    –Córrete cuando quieras –le decía– no te preocupes y córrete.
    
    Y de repente hizo algo que me dejó petrificada, se acercó el miembro a la boca y comenzó a chupárselo, a ella si le cabía entera, mi hermano abrió los ojos, creo que se quedó igual que yo, y empezó a follarle la boca, casi no le cabía entera, mi madre hacía esfuerzos, pero a duras penas le entraba el glande, aunque no paraba de chupar ese polla tan grande, sus manos se apoyaron en el culo y con la cabeza iba acompasando los movimientos de la follada, Álvaro empezó a gritar:
    
    –Mamá, me voy a correr, te voy a llenar de leche, mamá, joder, que gusto, estoy a punto de correrme.
    
    Y empezó a gritar, sus ahhh eran cortos pero intensos, como queriendo ...
    ... aguantar la corrida, mi madre se había apartado y el primer chorro le dio de lleno en la cara, ella seguía con la mano.
    
    –Eso, córrete, dámela toda, venga, toda, toda, toda.
    
    Mi hermano se contorsionaba, mi madre no paraba de pajearlo, exprimiéndole hasta la última gota, y yo, yo me mordía el labio de abajo para no hacer ruido, aguantando los gemidos, mi mano aceleró el ritmo, mis caderas se movían circularmente porque me estaba corriendo al mismo tiempo que él, era maravilloso, que placer más intenso.
    
    Cuando todo terminó, entré en el baño de sopetón.
    
    –Mamá, Álvaro, ¿Qué hacéis?
    
    Mi madre se puso blanca, no ya de todo el semen que tenía sobre su cara, sobre su pelo, sobre su ropa, sino del susto que tenía en el cuerpo, se incorporó.
    
    –Sandra, ¿qué haces aquí?, yo, yo, no sé cómo explicarlo, esto es, no sé, no sé…
    
    Estaba muy nerviosa, tartamudeaba, sus manos temblaban. Yo me acerqué a ella, y le dije:
    
    –Tranquila, no pasa nada, tranquilízate, yo también lo he hecho –y mirándola a los ojos le paso la lengua por su mejilla para llevarme algo de semen a mi boca– límpiate y ahora hablamos, ya termino yo –le dije, y mientras salía, continué– puedes quedarte un rato en el baño como siempre, que ya sabemos lo que haces, no te preocupes.
    
    Cuqué el ojo a mi hermano y mi madre desapareció.
    
    Continuará… 
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