-
Mi novio precoz: ¡Necesito más que dos minutos!
Fecha: 20/01/2026, Categorías: Confesiones Autor: mariac, Fuente: RelatosEróticos
¡Ay, niños! Les juro que no sé por dónde empezar con esta vaina, porque la verdad es que me tiene con la cabeza hecha un bombo, pero como soy una mujer que no se calla nada, aquí les va mi desahogo. Resulta que tengo este novio, mi bebecito, que me lleva 11 años menos, sí, como lo oyen, ¡él tiene 17 y yo 28! Pero no se me hagan los chochos, que aunque suene a que debería ser pura fogata y juventud, en la cama a veces es como… ¡ay, no sé! ¡Me desespero! Él era mi amigo primero, mi compinche, el que me hacía reír con sus tonterías y me acompañaba a tomar mi cafecito en las tardes. Hace siete meses se declaró, con esa carita de ángel que tiene y esos ojos que parecen de cachorro abandonado, y yo, que soy una tonta romántica, dije ¡sí! Pensé: «María, esta es tu oportunidad de sentirte joven otra vez, de vivir un amor sin complicaciones». Y la verdad, en muchos aspectos es divino. Me trata como una reina, me abraza por detrás mientras cocino, me manda mensajitos cursis a media noche… pero, niños, ¡en la cama es otro show! El problema no es que no haya química, ¡para nada! Es que el chico parece un motorcito de esos que prenden y se apagan en dos segundos. Yo me caliento super fácil, ¡qué va! Con una mirada ya estoy mojadita, con un roce ya estoy que echo humo. Y él… bueno, él se emociona tanto que a veces siento que soy su primerísima vez, aunque sé que no lo soy. Empezamos siempre con besos, que eso sí lo hace delicioso, me muerde el labio inferior y me vuelvo loca, y ...
... luego me baja por el cuello, dejándome esos chupetones que después tengo que tapar con base… ¡qué ricooo! Pero de ahí, o me pide que se la mame, o él me empieza a comer a mí. Y yo, ¡claro! Se la mamo con todo el gusto del mundo, porque la tiene bonita, no gigante pero sí muy linda, y me encanta sentir cómo se pone dura en mi boca, cómo me agarra del pelo y gime… ¡ay, delicioso! O cuando él me come, ¡uf! Ahí sí que me vuelvo un desastre, porque tiene una lengua que parece de serpiente, me hace venirme en segundos, ¡y yo gritando como una loca! Pero, niños, ahí viene el problema. Después de eso… ¡pum! Se acaba. Literal. A veces, ni siquiera llegamos a la penetración. Yo ahí, con las ganas a mil, con el cuerpo pidiendo a gritos que me den duro, y él ya está feliz, sonriente, achuchándome y diciéndome cosas bonitas. Y yo: «¿Y… ya?». La primera vez pensé: «Bueno, fue el nervio». La segunda: «La excitación». Pero ya van siete meses, ¡siete! Y no es que no quiera penetrarme, ¡no! Es que cuando lo hacemos, es anal, porque yo soy virgen de la vagina, eso ya se los conté, me da cosa, me duele, así que prefiero el otro hoyito, que a mí me encanta, ¡me vuelve loca! Pero, ¡ay, Dios mío! Hasta para eso tengo que guiarlo. «Más despacio, mi amor», «No tan fuerte», «Así, justo ahí». Él me dice: «Sí, mi amor, lo siento», con esa vozarrita de niño bueno, y yo derritiéndome, pero a la vez frustradísima. Porque yo quiero que me dé como si no hubiera un mañana, que me agarre de las caderas y ...