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Nunca pensé que llegar virgen al matrimonio sería tan difícil.
Fecha: 21/01/2026, Categorías: Confesiones Autor: yessikitar, Fuente: RelatosEróticos
Primero un poco de contexto jaja: Durante toda mi adolescencia, con el par de noviecitos que tuve, siempre me cuidé de que la cosa no se pusiera muy hot jaja y no pasara a ligas mayores (ustedes saben, una sobadita de teta, un manoseo sobre la ropa jaja, y muchos muchos besos con lengua). Ahora que lo recuerdo, esos pobres se iban con los huevos bien morados por mi culpa.. Pero a mí poco me importaba, desde chica tengo la fiel convicción de llegar con virgen al matrimonio xD… Si si, lo sé, parece anticuado, pero es algo que mi mamá me ha metido en n la cabeza y es una especie de promesa que le hice a mi madre… Ahora, con lo que mi mamá no contaba (ni yo tampoco) es que saliera tan calienturienta, y que mi entrada a la universidad hace poco mas de un año, con compañeros y profesores que OMG!!!! parecen dioses griegos, iba a poner a prueba toda mi fuerza de voluntad.. Más aún, cuando algunos comenzaron a lanzarse sobre mi como perros hambrientos.. O seaaa, no todos los días se ven chicas como yo en los pasillos de la uni, pelirroja natural, un metro sesenta, y con un culito redondito jaja que Dios me lo bendiga.. Soy prácticamente la fantasía erótica de cualquiera xD. Bueno el hecho es es que en mi primer semestre, conocí a Leandro, un chico que estudiaba 4to semestre de ingeniería mecánica, y que casualmente, era hermano de Lisette, una compañera con la que hice migas desde el día uno. Recuerdo que Leandro me impresionó muchísimo, era alto, como un metro noventa, pelo ...
... negro y unos ojos oscuros, tenía una sonrisa perfecta (como estudiante de odontología que soy jaja me fijo mucho en los dientes). Me llevaba unos 6 años, pero era bastante amigable y siempre que me veía aquí y allá me sacaba bastante conversación. Un día, estudiando en casa de Lisette, veo que llega Leandro, con ropa deportiva y recién bañado casi, se sentó en el sofá de enfrente y me comenzó a contar que practicaba natación desde niño, y no que otras cosas más porque yo lo único en que podía pensar era en cómo se le marcaba el paquete en esos short de tela que traía. Leandro no vivía ahí, sus papás lo ayudaban a pagar un piso independiente que compartía con otros dos amigos, pero casi siempre venía a almorzar. La cosa es que hubo un momento mientras estábamos en el comedor que “oh sorpresa” comencé a sentir una pierna acariciándome la pantorrilla ¡¡MADRE MÍA!! Fue la cosa más cliché del mundo, pero a la vez tan inesperada que me dejó paralizada por un momento. La realidad es que si habíamos hablado varias veces y de muchas cosas durante los últimos tres meses, pero nunca me había dado un indicio de interés o algo. Las caricias se fueron tornando un poco más agresivas, y yo me fui poniendo roja, nerviosa y cada vez más caliente jaja, recuerdo que tartamudeaba mucho. Terminó el almuerzo “por fin” y rápido me apresuré a decir que ya tenía que irme a casa, y “oh sorpresa de nuevo” Leandro se ofreció a dejarme, de camino a su piso. Sinceramente no encontré ninguna excusa ...