-
Adorándote toda la noche (Los senos de mi mujer)
Fecha: 22/01/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Dav31, Fuente: CuentoRelatos
El siguiente texto, más que un relato, es una confesión y una declaración de amor de un hombre hacia su mujer y sus senos. Dividido en dos partes, dejando un pequeño preludio de la segunda. Adorándote toda la noche Besar, succionar, morder… Un patrón adictivo, al cual soy esclavo cuando se trata de tus senos. Me es imposible despegarme de ti, de ellos, de ellas… y es que, me refiero a ellos cuando se trata de ternura, exploración y deseo, tus senos… y hablo de ellas, cuando me consume la angustia y lo único que quiero es llegar a casa a devorarlas consecutivamente, tus tetas. Después de años de adorarte he llegado a la conclusión de que no hay nada más hermoso que el esplendor de tus senos, totalmente desnudos, cuando los libero de alguna blusa, de tus camisones de seda; esos que nos gustan tanto… o cuando nos toma desprevenidos la tarde y son tus brasieres, quienes se vuelven testigos de ese bello ritual que tenemos. Rituales cargados de besos y caricias de todo tipo, besos tronados y húmedos que repasan tu cuello y se detienen tiernamente en tus mejillas, mis manos que se pasean entre tus brazos y hombros, mientras un cálido beso nos mantiene insinuando lo que tanto queremos, ese momento que nos lleva a la gloria. Aquí, dependiendo de la situación o del día, decidiré en el pre juego ese camino que nos brota suspiros, no sé si voy a quitarte botones o si subiré sutilmente la blusa o bajare los tirantes, pero lo que si sé, es que siempre estará ahí tu ...
... mirada, pendiente de cada movimiento, pues te gusta ver mi cara de asombro al liberarlas, como aquella inolvidable primera vez y es que… ¿cómo olvidarla? aquella noche mágica después de nuestra tercera cita, ya habíamos platicado de todo y ahí, a mitad de la noche, en el sillón de mi sala, decidiste darme por primera vez tus hermosos senos, lo cual sería un viaje sin retorno. Una romántica sesión de besos fue el preludio de lo que sería una noche larga de exploración y deseo, aún recuerdo bien los detalles, los besos cálidos y húmedos, nuestra respiración agitada, tu blusa negra y las yemas de mis dedos acariciando su borde, borde que protegía celoso tus encantos, como si algún viejo amante hubiese dejado un hechizo, pero al mismo tiempo se doblegaba, dejando asomarse un lindo brasier rojo, tirándole a guinda, ese divino brasier de encaje. Las yemas de mis dedos continuaban suavemente su búsqueda, esta vez ya dando pequeñas aperturas entre el borde de tu sostén y mis dedos, a lo que tú, con la sensualidad de tus besos y de tu lengua, me indicabas que el camino ya estaba abierto, listo para ser explorado. La sutileza con la que me otorgabas el permiso, o mejor dicho… la dicha, se mezclaba con la tensión y el erotismo que acompaña una larga espera. Un par de besos consecutivos dieron la pauta a una breve sesión de caricias aún por encima de tu brasier, por supuesto que busque tus pezones de vez en cuando, dulce y pausadamente, metiendo y sacando mi mano de vez en cuando, ...