1. La cuarta vez... en el lugar más inesperado


    Fecha: 26/01/2026, Categorías: Transexuales Autor: Alfaro, Fuente: TodoRelatos

    Nunca había tenido el valor de hacerlo, pero esa noche algo dentro de mí empujaba con fuerza. Barcelona, habitación de hotel en el Eixample, pasaban ya las nueve y media. Sobre la cama, el vestido negro que me ceñía el cuerpo como una caricia prometida, las medias recién sacadas de su envoltorio y los tacones que aún olían a tienda. Me temblaban las manos mientras me maquillaba, repasando cada trazo como si quisiera esconder al chico que fui y dar vida —por fin— a la mujer que siempre aparecía solo a oscuras.
    
    Iba a salir. Vestida. Por primera vez.
    
    Tomé aire, recogí el pelo con delicadeza y salí a la calle con un abrigo ligero que apenas cubría el miedo. Caminé hasta el local que me habían recomendado: pequeño, discreto, con una luz tenue que invitaba a perderse. Pedí una copa y me senté en la esquina más alejada del bar, fingiendo seguridad con cada cruce de piernas.
    
    Y entonces… entró.
    
    Él.
    
    Al principio creí que me equivocaba. Era imposible que fuera él. ¿Qué hacía allí? ¿Y si me reconocía? La sangre me subió a las mejillas, pero me obligué a no bajar la mirada. Él no pareció dudar: su mirada recorrió la barra y, al encontrarme, sonrió. Un gesto de esos que no se olvidan. Caminó hacia mí con paso firme, sin saber que me conocía. Sin saber que, meses atrás, habíamos compartido horas de trabajo y cervezas… cuando yo era otro.
    
    —¿Puedo sentarme? —dijo con esa voz grave que recordaba tan bien.
    
    Yo asentí con una media sonrisa, acariciando el borde de mi copa ...
    ... con la yema de los dedos.
    
    —¿Vienes mucho por aquí? —preguntó.
    
    —Solo cuando quiero que me hablen bonito —le respondí, bajando un poco la voz, sin perderle los ojos, llena de vergüenza.
    
    Él se rió, sorprendido, quizá ya medio hipnotizado. Le gustaba. Le gustaba lo que veía. Y yo… empezaba a disfrutar del juego.
    
    —No me has dicho tu nombre —susurró, inclinándose apenas hacia mí.
    
    —Y tú no me has pedido un deseo —le respondí, ladeando la cabeza con picardía.
    
    Se rió con esa risa que ya conocía, pero que ahora sonaba distinta, como si me hablara a otra parte del cuerpo. Su mano descansó en mi muslo, muy despacio, como quien no quiere despertar un embrujo. La dejé ahí. La deseaba ahí.
    
    Y él lo supo.
    
    El calor subía por mis medias mientras sus dedos avanzaban lentos, tanteando sin prisa, con la seguridad de quien se sabe deseado. Me incliné hacia él, como si quisiera decirle algo al oído… y le rocé los labios con los míos. No fue un beso, fue una provocación.
    
    Pero él no esperó más. Me sujetó por la nuca, firme, y me besó como si ya me hubiera tenido en otras vidas. Yo me dejé hacer, saboreando el morbo de su lengua que no sabía a quién besaba… y el mío por dejarme besar como nunca antes.
    
    —¿Aquí no se puede? —me susurró contra los labios.
    
    Le miré, con los ojos medio cerrados, y sonreí.
    
    —Depende de lo que quieras hacer.
    
    —Ven —dijo, levantándose con la copa en la mano. Me tomó de la muñeca y me guió hacia el fondo del local, donde un pequeño pasillo ...
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