1. El tatuado Parte 4


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Lanfasone1, Fuente: TodoRelatos

    ... les había recriminado, que estuvieran follando en el metro.
    
    No, no era posible y entonces vi que un chaval les estaba mirando, hacía abajo, su vista se perdía en lo que estaba sucediendo allí abajo y entonces German se dirigía a él, sonriendo y el chaval que tendría menos de veinte años, palidecía y desviaba la vista.
    
    No. No estaba sucediendo eso, no estaban follando.
    
    Era solo mi imaginación, mi puta imaginación desbocada.
    
    Y finalmente llegamos a otra estación y las puertas se abrieron y ellos se movieron hacia adelante, salían del coche y yo con ellos y me oculté detrás de una columna y les vi, otra vez, salir de allí, caminar muy juntos, él siempre con la mano en la cintura, como empujándola, la mano nudosa sobre el blazer gris, entallado y las piernas rectas y poderosas de ella, la parte de atrás de sus rodillas, moviéndose con el repiquetear de los finos tacones de sus sandalias.
    
    Y ya subían las escaleras y me precipité tras ellos como un perro de presa y luego salieron de la boca del metro, el oscuro subterráneo nos vomitaba al exterior como ardiente lava humana saliendo de la boca de un volcán.
    
    Ya había oscurecido y les seguí y habrán caminado una calle y luego torcieron por otra callejuela empinada y luego les vi ingresar en un portal.
    
    Eso era todo, era un edificio viejo, de esos del centro, que no se pueden tocar para mantener la apariencia de la ciudad, algunos de esos pisos están reformados por dentro y otros se conservan igual que hace cien ...
    ... años, oscuros, hacinados, con cuartos pequeños y sin aire.
    
    Así sería el piso donde German vivía con su madre, su madre sorda y anciana.
    
    ¿Tan sorda y postrada que Germán se iba a follar a mi esposa allí mismo?
    
    Entonces esperé refugiado en un portal de enfrente de ese edificio que se había tragado a mi esposa y lloré, como un idiota, lloré mis primeras lágrimas de cornudo.
    
    Allí dentro se estaban follando a mi esposa, estaba seguro de ello y yo había propiciado todo.
    
    Y por dentro también sentí que había logrado mi propósito.
    
    La espera duró exactamente 27 minutos.
    
    Les vi venir desde el fondo del portal. Ella caminaba como una auténtica sonámbula, el rostro dormido y sin expresión, su pelo ligeramente despeinado, su melena oscura no tan impecable como siempre, Germán con su rostro de piedra.
    
    ¿Habían follado? Como sea, no había durado mucho, pero si era el tiempo suficiente para un buen polvo, corto pero intenso, tal vez de pie sobre una de esas paredes sucias con un empapelado roto o en cuatro patas sobre la cama y él de pie detrás de ella, sentí otra vez mi polla a reventar.
    
    Adriana caminaba sola y ya doblaba la esquina, esperé a que German entrara y luego seguí a mi esposa, pero rápidamente la perdí, supongo que había cogido un taxi en cuanto dobló la esquina.
    
    Me quedé solo en medio de la calle, con un cansancio profundo, agotado, también cogí un taxi, hasta el sitio donde había dejado mi coche.
    
    Llegué a casa, las niñas estaban jugando, saludé a mi ...
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