1. El tatuado Parte 4


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Lanfasone1, Fuente: TodoRelatos

    ... hacía afuera, los rebordes rosados de un coñito moreno.
    
    Era mi esposa ¿Por qué había permitido yo todo esto? ¿Por qué la había empujado a esto? ¿Por los tatuajes?
    
    ¿Qué no te gustan los tatuajes? A que este viejo todo tatuado hasta el culo te da lo que mereces, zorra, te mete esa inmensa polla hasta el fondo del útero, te da por el culo, logra él lo que a mí me niegas, tragas su lefa hasta la última gota, niña consentida y pija de la puta galería de arte.
    
    Por dios, estuve a punto de correrme ¿De dónde me venía tanto resentimiento? ¿Tanta energía sexual sin canalizar o mal digerida, ahogándose dentro de mí, como lefa coagulada dentro de mi polla?
    
    Era joven, era exitoso, estaba casado con una mujer de bandera ¿Qué más podía pedir y desear?
    
    Pero algo había comenzado a crujir dentro de mi cuando le pedí que posara para la foto, sobre la cama y ahora estábamos allí, yo mirando como ese tío la sobaba a destajo, como se frotaba una y otra vez con su polla sobre el culo indefenso
    
    Y hubo un movimiento de la masa de gente hacía atrás al abrirse las puertas del coche al llegar a otra estación y ellos se pegaron más todavía.
    
    Algo se había comenzado a gestar desde entonces y luego cuando este viejo había dicho que buena que está, una zorrita de Tinder, si, quería que se la follara, que le reventara el ojete perfecto, eso era, quería que le bajara los humos, que la reventara a pollazos.
    
    La grieta en el dique de mi mente comenzaba a ensancharse y a romperse, el agua ...
    ... estaba entrando, inundándolo todo.
    
    Otra persona se movió delante de ellos y pude ver con claridad, la falda de Adriana estaba levantada casi hasta la altura del muslo, casi hasta la cintura y luego una mujer, mayor, de unos sesenta años, que les decía algo con acritud, que les increpaba casi, no podía escuchar lo que decía pero les estaba recriminando algo y mi esposa parecía a punto de llorar y Germán le decía algo, que se fuera a tomar por culo.
    
    La mujer les decía que eran unos cochinos, que se estaban pasando tres pueblos y mi esposa bajaba la cabeza y luego el tren se ponía en marcha y la mujer recriminadora se iba a otro extremo del coche y otra persona les ocultaba de mi vista una vez más.
    
    Y entonces vi la mano de Adriana sobre el caño de hierro, sobre uno de los pasamanos verticales, vi, su mano delicada y fuerte a la vez y luego la mano de German cubriéndola, una mano nudosa y tosca, sobre la manita de ella.
    
    Y las manos parecían casi entrelazadas, los dedos unos sobre otros, las uñas finamente barnizadas de blanco de mi esposa y la mano tosca y callosa haciendo presión sobre ella y logré ver otra vez sus cabezas juntas, Germán detrás de ella y su cara de satisfacción.
    
    Y un movimiento de él hacía adelante.
    
    La polla sobre el tanga hecho un estropicio, la polla sobre las nalgas desnudas, bajo la falda, la polla haciendo contacto en el culo, entrando levemente sobre el coño húmedo.
    
    ¿Podía estar sucediendo eso? No, no era posible.
    
    Por esto la mujer ...
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