1. Pueblito mágico 2


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Fetichismo Transexuales Voyerismo Autor: danielasolatrans, Fuente: SexoSinTabues30

    ... para mis planes. Me metí a la ducha, todavía con mi hilo negro puesto, y agarré mi dildo de 20 cm. Bajo el agua caliente, empecé a tocarme, metiéndome el dildo despacio, gimiendo como zorrita. Luego lo empujé más duro, imaginando las vergas del pueblo rompiéndome. Estaba excitadísima, mi pene pequeño duro bajo el hilo, cuando escuché una voz afuera: “¡Señorita!”. Golpeaban la puerta. Asustada de que me hubieran oído gemir, me puse una bata casi transparente, el hilo empapado pegado a mi culito, y salí a ver quién era.
    
    Abrí la puerta, escondiéndome detrás, y era Don Rubén. Me vio con cara de lujuria y dijo: “Señorita, ¿está bien? La escuché gritar, pensé que necesitaba algo”. Más cachonda que nunca, salí de detrás de la puerta, dejando que viera mi cuerpo casi desnudo, la bata transparente mostrando mi hilo y mi piel mojada. “No me pasó nada, solo me estaba duchando”, dije, con voz de nena coqueta. Él intentó cambiar de tema, pero empeoró todo: “Es que vengo de hablar con el cura y me crucé con su ayudante”. Mi corazón dio un vuelco, asustada y excitada a la vez. ¿Qué le habrían dicho?
    
    Haciéndome la desentendida, pregunté: “¿Y qué le contaron?”. Él sonrió con malicia: “Cosas muy interesantes, señorita. Pero mejor te espero en diez minutos en mi cuarto. Ven así como estás”. Me guiñó el ojo, y yo, ajustada por saber que el cura y el ayudante habían hablado, no pude resistirme. Me sequé un poco, me cambié el hilo mojado por uno seco, rojo y más pequeño, que apenas cubría ...
    ... mi pene. Me puse el plug en el ano, me calcé unos tacones de aguja, y dejé la bata transparente como única prenda. Caminar por los pasillos de la casa, sintiéndome desnuda, me excitaba más y más. Sabía que no había nadie porque los hombres estaban en las fincas, pero la idea de que alguien pudiera verme como zorrita me hacía mojar el culito.
    
    Llegué a la casa de Don Rubén, al fondo del terreno, alejada de todo. Golpeé la puerta, y su voz grave gruñó: “Entra, putita”. Escuchar que me llamara así me encendió; el cura y el ayudante le habían contado todo. Entré, más cachonda que nunca, y vi una casa pequeña pero bien arreglada, con muebles viejos pero limpios. En la sala, Don Rubén estaba desnudo, su pene duro como piedra, unos 17 cm, normal pero tan grueso que me asustó. Era venoso, con una cabeza gorda y pelos negros en la base, palpitando de ganas. “Hola, papi, aquí estoy, lista para ti”, dije, girándome para mostrarle mi culito en el hilo rojo, el plug asomando entre mis nalgas.
    
    Él se calentó más, sus ojos brillando de lujuria. “Ponte en cuatro, zorrita”, ordenó. Feliz de ser su esclava sexual, obedecí, arrodillándome en el suelo de madera. Empecé a tocarme el culito, jugando con el plug, moviéndolo despacio mientras gemía. Don Rubén no aguantó más; se acercó, sus manos grandes acariciando mis nalgas, y comenzó a jugar con el plug, metiéndolo y sacándolo. Luego lo arrancó de un jalón, haciéndome jadear, y me dio un beso negro brutal, su lengua hundiéndose en mi ano con ...