1. La Montura 1


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... liberación de saber que, en ese momento, no era más que un objeto para su placer. Y eso la encendía como nada más.
    
    El empujón fue seco, brutal. Elara cayó de bruces contra el suelo de madera, el vestido de algodón subido hasta los muslos, la blusa desgarrada y revelando un hombro tembloroso. Teo no le dio tiempo a reaccionar. Pisó su nuca con la suela del zapato, no con fuerza para lastimar, pero sí para inmovilizarla. Para recordarle su lugar.
    
    —Levanta esas caderas, puta— ordenó, la voz áspera como lija.
    
    Ella obedeció al instante, arqueando la espalda hasta presentarse, ofrecida, vulnerable. El aire frío rozó su piel desnuda bajo las enaguas. Pero Teo no la tocó. No todavía.
    
    Apretó su cabeza contra el piso, Ella podía ver sus zapatos manchados de barro, el dobladillo de su pantalón.
    
    —Suplica— rugió, desplazando su peso para hacerla sentir cada gramo de su dominio.
    
    Y entonces, Elara sonrió. Una curva de labios húmeda, secreta, mientras las palabras brotaban de su garganta en un susurro ronco:
    
    —Por favor… Usame. Soy tuya. Solo tuya.
    
    No había vergüenza en su voz. Había deseo puro, convertido en leña por la humillación. Teo gruñó satisfecho. Esa sonrisa era su triunfo, su prueba: ella lo anhelaba tanto como él.
    
    —Repítelo— jadeó Teo, agarrándola de las caderas con fuerza de tenaza. —¡Soy tu puta! ¡Tu montura! ¡Usame!— gritó ella, enterrando la cara en el suelo.
    
    Y en ese instante, con sus lágrimas de éxtasis mezclándose con el polvo del piso, Elara ...
    ... lo supo con certeza feroz: la humillación era vida. Era el oxígeno que alimentaba el fuego entre ellos, la ceremonia sagrada donde ella se despojaba de todo para renacer como suyo.
    
    Después, cuando Teo la levantó en brazos —piel sudorosa contra piel, sin rastro de la crudeza anterior— y la llevó al baño para limpiarla con un paño tibio, Elara sonreía aún.
    
    …
    
    El agua caliente caía a chorros sobre ambos, empañando los azulejos del baño cuando Teo la alzó sin ceremonia, sus músculos tensos bajo el esfuerzo. El gancho instalado en el techo —ese detalle siniestro que habían añadido en una de sus noches de complicidad— crujió al recibir el peso de las esposas de cuero que ahora aprisionaban las muñecas de Elara.
    
    Colgada, vulnerable, con los pies apenas rozando el suelo húmedo, Elara jadeó cuando Teo deslizó dos dedos entre sus muslos, esparciendo el lubricante frío con deliberada crueldad.
    
    —Hoy me siento con ganas de romperte el anillo— susurró él al oído, la voz cargada de una promesa que hizo temblar a Elara… pero no de miedo.
    
    Ella giró la cabeza lo suficiente para mirarlo, gotas de agua atrapadas en sus pestañas, y entonces —con un brillo de desafío en sus ojos negros— escupió.
    
    El salivo golpeó la mejilla de Teo con un sonido húmedo, resbalando lentamente hacia su barbilla.
    
    El silencio fue eléctrico.
    
    Por un segundo, Teo pareció congelarse. Luego, una sonrisa lenta, peligrosa, se extendió por su rostro.
    
    —Así quieres jugar…— musitó, antes de agarrarle la ...