-
Con Rafita de 9 Parte 4
Fecha: 31/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Sexo en Grupo Autor: Tio64, Fuente: SexoSinTabues30
A los tres días y como lo habíamos acordado, llegaron ellos a la casa abandonada deseosos de cogerse a Rafita y a su hermanita, ganar un buen dinero y convertirse en estrellas porno, sin saber lo que les esperaba. Rafita y Lucy, su hermanita, vestían sólo túnicas blancas. Había preparado un viejo colchón en el suelo y sobre una mesita plegable, unos bocadillos que ofrecí a ellos acompañados de una soda mientras mi asistente, sin hablar, empezó a preparar a los dos hermanitos. Charlé con Mario, su hermanito Luis y su primo Ramón un poco para “romper el hielo”, sobre cómo había surgido en ellos el deseo de violar a Rafita y, recientemente, a su pequeña hermanita. Mario alardeó acerca de que la idea había sido de él, que había utilizado a Luis para atraer a Rafita, y que al inicio Ramón no participaba, sólo lo veía, hasta que un día, amenazado por Mario, comenzó a sodomizar también a su primito Rafa. Pasados algunos minutos, Luis comenzó a sentirse mareado y cuando su hermano y primo quisieron ayudarlo, sus músculos no les respondieron y es que, las sodas que habían venido contenía una droga para adormecerlos un poco. Dándose cuenta de la trampa en la cual habían caído, abrieron desmesuradamente sus ojos de temor y su boca sin emitir palabras alguna cayeron profundamente dormidos. Al despertar se sorprendieron aún más, al verse en un lugar desconocido totalmente, mirándose uno al otro desnudos y amordazados, sujetos fuertemente con cuerdas, dispuestos sobre ...
... tres mesas con sus traseros expuestos. Quité las mordazas de sus bocas y les dije: –Pueden gritar lo que deseen, nadie los escuchará, niños. Hoy van a pagar el daño y el dolor que les causaron a Rafita y a su hermanita. Sentirán en carne propia lo que ellos vivieron y desearán no haber nacido. –Primero los cogeré yo… Y al decirlo dejé caer la toalla que cubría mi cintura y les mostré mis 18 CM de carne que en breve los desvirgarían. –Y esto no es nada—añadí—muchachos, pasen. Y entraron tres hombres jóvenes de más de 1.90 de estatura, con antifaces y calzones de piel negra muy ajustados donde se adivinaban, aún dormidos, tres grandes bultos. No se puede describir el terror tan grande que experimentaron. Incluso Mario, que aparentaba ser muy cabrón y valiente, comenzó a llorar y pedir perdón e incluso se orinó de tanto miedo que sentía. Su hermanito y Ramón siguieron su ejemplo. Luis, entre sollozos, me suplicó: –¡Por favor, señor, a mí perdóneme, mi hermano me obligó y amenazó con cogerme si no lo ayudaba, por favor…! –No depende de mí perdonarte, si no de Rafael, que está viendo y escuchando todo atrás de ese vidrio. ¿Qué dices, Rafita, lo perdonas? Y por un altavoz, se escuchó la tierna voz de mi amorcito: –Sí, don Javier, a él si lo perdono, pero a Mario y a Ramón no. –Ya lo oíste, él te perdona. –¡Gracias, primito, gracias por perdonarme! ¿Me puede desatar, señor? –Un momento, él te perdonó, pero yo no…a ti solo te cogeré yo, y ...