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Antonio el camionero y el duelo de guarras
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... era sorda. Oyó a su lado, como quien capta palabras al vuelo, a Olivia soltando una risita nerviosa y abriendo otra vez la bocaza. Y la jodida tuvo la ocurrencia de volver a mencionar a la niña. Antonio se giró en seco, con la polla aún en la boca de su hija. Su mirada, de repente, se volvió de acero templado. —Shhh —cortó él, levantando una mano—. Calla ya, hostia. La frase sonó baja, casi suave, pero el tono y las palabras no admitían réplica. Olivia tragó saliva, se removió incómoda en su postura de penitente, y no volvió a hablar. Antonio le sostuvo la mirada un segundo más, con los ojos fríos como el mármol. Luego se volvió hacia ella y chasqueó la lengua, casi divertido, como quien detecta un intento de travesura antes de que esta se lleve a cabo. Al lado de Olivia, Valeria recuperaba el aire de forma sonora, como si la acabaran de desentubar en un hospital de campaña. Aspiró con fuerza, boqueando, y luego tosió con estrépito, llevándose la mano al pecho y el rostro completamente desencajado. Tenía los ojos vidriosos, la boca abierta como una carpa y un hilo de baba mezclado con saliva y algo más, que le colgaba de la barbilla. El pollón de Antonio le había borrado el aliento. Se lo había metido tan adentro, tan a lo bruto, que había sentido cómo la campanilla le pedía auxilio. Y aun así, ni una queja, y menos con Olivia presente. Sólo esa tos rota de después, como la de quien se atraganta con el orgullo y aún quiere más. —Tu turno, guapa —murmuró ...
... Antonio, rozando con su babeado glande los labios de Olivia. No le dio más rodeos en cuanto vio que ella abría la boca. Le agarró la cabeza con la mano libre, firme, como quien sujeta un balón de basket, y la miró con esa sonrisa torcida suya, mezcla de burla y autoridad. —Esa boquita tuya está hecha para meter, no pa’ malmeter —masculló, justo antes de clavarle la polla hasta el fondo de la garganta con una única embestida, concisa, bruta, como un gancho de carnicero. Olivia soltó un quejido mudo, con los ojos desorbitados y las manos apretadas contra sus muslos, tragando como podía mientras Antonio la mantenía encajada, gruñendo por lo bajo, con las venas marcadas en el cuello y el gesto retorcido por el placer. Y Valeria, justo a su lado, se limpió la boca con el dorso de la mano y sonrió para sí. Que se la follara. Que la callara. A ver si así aprendía. En ese momento, sin decir palabra, Antonio alargó la mano que sostenía su cerveza hacia Valeria, con la mirada fija. No hacía falta hablar. Ella entendió al instante. Le sostuvo la lata aún fría con naturalidad, como quien ya ha asumido su rol en aquella liturgia sucia. Ese simple gesto —esa entrega muda del testigo— heló la sangre a Olivia. Porque lo conocía. Porque sabía lo que significaba. Cuando Antonio pedía que le sostuvieran la cerveza… era porque iba a necesitar las dos manos. Y cuando Antonio usaba las dos manos, era hora de temblar. Sin darle tregua, el hombre empezó a follarle la boca como un ...