-
La locura de los cuarenta (2)
Fecha: 04/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Isabel, Fuente: CuentoRelatos
... de los seis o siete kilos de más, mal repartidos, que el embarazo me había dejado, no tuve un solo instante de duda ni temí por las amenazas y la violencia doméstica –nunca física- que me paralizaba en México. No, simplemente, por primera vez en más de dos años, gocé, gocé como antaño a un joven tímido y encantador. Desnudos en mi cama –sí, otra vez, en mi cama-, saboreó mis pechos y mis pezones, disfrutando el placer que me daba en cada lengüetazo. Pero no se quedó ahí: bajó sin prisa por mi estómago, su lengua recorrió todos los rincones de mi ombligo mientras sus manos me acariciaban las nalgas y la cintura con delicadeza. Han pasado más de diez años, pero lo sigo recordando –y lo volví a hacer mío el año pasado, volví a tenerlo una semana, otra vez en Europa, igual de amoroso, igual de tierno, más guapo si cabe-, recuerdo cada detalle de mi primer amante, mi segundo hombre, la segunda lengua que se detenía en mi clítoris para buscar después la entrada de mi sexo. El movimiento de su lengua aumentó de intensidad, haciendo círculos sobre mi clítoris, escarbando en mi vagina, lamiendo los labios, deteniéndose en el ano, mientras yo, totalmente abandonada ya, a su merced, cerrados los ojos, lo dejaba hacer, hasta que alcancé las estrellas y lo bañé con mis fluidos. Todavía perdida en mi orgasmo fui penetrada. Disfruté la segunda verga de mi vida, que no entraba en mí partiéndome, matándome de ansias como la de exmarido (en los buenos tiempos), sino despacio, como ...
... pidiendo permiso apenas, deslizándose suavemente hasta el fondo de mi bien lubricada vagina, con un movimiento que no se si me sacó otro orgasmo o prolongó el primero. Sin avisarle me moví, me puse a cuatro patas sobre la esquina de la cama y ofrecí a su vista, a su verga, abiertas las piernas hacia él, palpitante y jugosa la vagina, que fue penetrada por segunda vez. “¡Cógeme, querido mío, cógeme, párteme!” le dije, El, obediente, iba y venía a placer dentro de mí, a su ritmo y aire, a veces con fuerza, a veces deteniéndose para acariciar mis pechos, parando potra vez para tomar aliento. Me sorprendió tan magnífico amante en un niño de 23 años, aunque bien pensado, ¿qué sabía yo? qué podía saber, ¿más allá de la dulce verga de exmarido? Mi siguiente orgasmo, sin inhibición de ningún tipo, fue acompañado de un largo aullido cuyos ecos llenaron el modesto hotel en que me hospedaba. Instantes después sentí su semen inundar mi vagina y él, quieto, con la respiración agitada, e recostó sobre mi espalda llenándola de besos, dejándome sentir dentro de mí la retracción de su verga. ¿Creen ustedes que lo gocé así la semana entera? No: una maldición gitana me seguía. A la mañana siguiente, en lugar de despertarme haciéndome el amor, amaneció culpígeno y amedrentado, arrepentido, llorando por su novia, asustado por mi marido –cuyos arranques de celos conocía de antes- y huyó… y yo ahí, saciada por fin, pero otra vez insegura, sintiéndome indigna de ser amada, de ser deseada, ...