1. Compañeros - Capítulo 4: Cervezas en Malasaña


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... fluyó. Hablaron de sexo con naturalidad. Jordi era el más desinhibido: contó detalles de una ex francesa que le enseñó a besar con los ojos abiertos, de una vez que casi pierde la virginidad en un baño público, y de cómo había fingido estar enamorado para que le hicieran una mamada.
    
    Luis contaba historias con más orgullo que detalle. Dos chicas del instituto, una en un campamento. Dijo que nunca había tenido novia, pero sí “momentos importantes”.
    
    Miguel se reía, pero hablaba poco. Al final, con las mejillas coloradas y la lengua más suelta, dijo que había tenido una novia seria, que fue su primera vez, y que desde entonces nada le había cuadrado igual.
    
    —¿Y ahora? —le preguntó Arnau.
    
    —Ahora estoy aprendiendo a no tener expectativas.
    
    —¿Y tetas o culo? —preguntó Jordi, apuntándole con una aceituna.
    
    —Culo —dijo Miguel sin pensar.
    
    —Yo también —añadió Luis.
    
    —Yo, personalidad —bromeó Arnau.
    
    —Culo, pero que no hable mucho —cerró Jordi.
    
    Y todos estallaron en risas.
    
    La noche fue cayendo sin prisa. No se emborracharon, pero sí hablaron como quienes ya no necesitan máscara. Fueron cuatro chicos de dieciocho años, vulnerables y fanfarrones, hablando de sueños, de sexo, de miedo, de futuro.
    
    Cuando pagaron la cuenta, Luis dijo:
    
    —Me alegro de haberos conocido, en serio.
    
    —No os libráis de mí —añadió Jordi—. Esto acaba de empezar.
    
    ⸻
    
    Volvieron caminando hasta el ...
    ... colegio mayor. La noche era húmeda y cálida. En el cuarto, se quitaron los relojes, se dejaron caer las mochilas, y se quitaron los zapatos de un golpe. Se sentía el cansancio agradable de una noche bien vivida.
    
    Miguel fue el primero en cambiarse. Se puso de pie frente a su cama, se quitó la camiseta despacio, luego el pantalón. Bajo la luz suave de la lámpara, volvió a quedar desnudo sin pensarlo demasiado.
    
    Luis lo miró. No quería hacerlo, pero lo hizo.
    
    Y ahí estaba, otra vez: ese cuerpo delgado, blanco, bien formado. Y ese pene largo, flácido pero presente, con unos huevos grandes, simétricos, colgando con naturalidad.
    
    Pero esta vez, Miguel se dio cuenta.
    
    —Hey, bro —dijo con una media sonrisa—. ¿Todo bien?
    
    Luis, pillado, levantó las manos como en una escena de crimen.
    
    —Perdón, tío. Me ha cegado el foco —bromeó—. Pero es que llevas eso como si fuera una pistola. ¿Te han parado en aduanas alguna vez?
    
    Miguel se rió, sin rubor.
    
    —Sí, claro. Me han hecho cacheos especiales.
    
    Luis se tumbó en la cama en calzoncillos. Miguel se puso su pijama sencillo, se sentó en la cama, y apagó la lámpara.
    
    —Buena noche, ¿eh? —murmuró Miguel, desde la oscuridad.
    
    —Sí. Estamos haciendo cuadrilla, y eso es oro.
    
    —Y aún no ha empezado lo bueno.
    
    —Ya ves.
    
    Y, en el silencio cálido del cuarto, se durmieron sin pensar en más. Aunque algo, dentro de uno de ellos, volvía a latir sin nombre. 
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