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La visita inesperada
Fecha: 04/02/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: ashleyt, Fuente: RelatosEróticos
Me desperté con el sonido de la puerta cerrándose. Mi enamorado, el muy huevón, me había dejado dormida en su casa después de la fiesta de anoche. «Te amo, mi enanita», decía la nota en la mesa de noche, pero el muy pendejo se había llevado TODA mi ropa. Hasta las medias. Hasta el fucking tanga de encaje que me había comprado para él. «Para que no te vayas», escribió con su letra de médico que parece garabatos de niño. Me reí sola, desnuda en la cama king size que tanto nos había costado pagar. Qué ternura de hombre, pensé. Cree que así me va a retener. Eran las 8:43 AM según el reloj de la mesita. Él entraba al hospital a las 9. Yo ya estaba planeando cómo vengarme quizás pedirle comida a repartidores hasta que alguno se animara a darme algo más que la pizza cuando escuché la llave en la puerta. «¿Cariño? ¿Olvidaste algo?», grité desde el cuarto, imaginando que era él volviendo para otra ronda matutina. Pero no era su voz la que respondió. «¿Bianka? ¿Estás ahí, hijita?». ¡LA PUTA MADRE! Era su papá. Y no venía solo detrás de él, el hermano menor de mi novio, ese pendejo de 22 años que siempre me mira las tetas en las reuniones familiares. Me congelé como estatua, tapándome instintivamente con la sábana que olía a nosotros dos. «¿Se puede saber qué hacen aquí?», pregunté, tratando de sonar autoritaria aunque estuviera completamente en pelotas. El viejo se sonrojó pero no apartó la mirada de mis piernas. «Vinimos a dejar unos documentos importantes… mi hijo ...
... nos dio llave». Mentira. Yo veía esa mirada de cazador en sus ojos la misma que tenía mi novio cuando me vio bailando en esa discoteca de Miraflores. El hermano, el tal Miguel, ni siquiera disimulaba se le veía el bulto creciendo en el pantalón de jogging. «Bueno, ya me vieron. Ahora déjenme vestirme», dije, pero el papá se acercó a la cama con esa sonrisa que no prometía nada bueno. «Pensé que mi hijo tenía mejor gusto… pero veo que se quedó corto», murmuró, tirando de la sábana hasta dejarme expuesta completamente. Intenté cubrirme, pero Miguel ya estaba del otro lado de la cama, agarrando mis manos con una fuerza que no esperaba. «Relájate, cuñadita… sabemos que te gusta mostrar este cuerpito en tus redes». El viejo Roberto, de 58 años y cuerpo de ex futbolista ya se desabrochaba el cinturón. «Mi hijo siempre ha sido egoísta. Te esconde cuando tiene un manjar como este». Lo que siguió fue una de las cogidas más salvajes de mi vida. Don Roberto me tomó la boca primero, empujando su verga (más gruesa y corta que la de su hijo) hasta hacerme arcadas. «Chupa, puta, como le chupas a mi hijo», gruñó, mientras me ahogaba con sus pelos pubianos que olían a tabaco y colonia barata. Miguel, el hermano, no perdió tiempo se montó sobre mis tetas, frotando su pene entre ellas mientras gemía como cerdo. «Uy, cuñadita, estas tetas son mejores que las de mi novia», jadeaba, embadurnándome la cara de lubricante que sacaron de quién sabe dónde. Cuando don Roberto se ...