1. La última vez que fui ella (2)


    Fecha: 11/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: CuentoRelatos

    Al otro día me propuso ir a una fiesta:
    
    —Dale, Alma. Solo una vez. No tenés que hacer nada si no querés —me decía Camila mientras elegíamos ropa frente al espejo.
    
    —¿Y si me encuentro con algo que no quiero ver? —pregunté, con media sonrisa nerviosa.
    
    —Entonces das media vuelta y te vas. Pero te aseguro que te va a volar la cabeza —dijo ella, ajustándose un vestido rojo tan ajustado que parecía pintado.
    
    Me puse algo discreto… dentro de lo posible. Un vestido negro al cuerpo, con escote sutil y un tajo en la pierna. Obvio, encima me puse un saco largo. Todavía no me animaba a mostrarme del todo.
    
    La fiesta era en una casa grande, moderna, alejada de la ciudad. Iluminación tenue, música envolvente, cuerpos hermosos moviéndose con soltura, como si estuvieran en otro plano de libertad.
    
    —Acá nadie juzga a nadie —me susurró Camila en la entrada—. Algunos son creadores, otros empresarios, algunos vienen a mirar, otros a jugar. Vos hacé lo que sientas.
    
    Yo asentí, medio abrumada. Caminamos entre gente hermosa, algunos con ropa llamativa, otros directamente en ropa interior, o menos. Parejas besándose sin pudor, miradas intensas que te recorrían de arriba abajo.
    
    —¿Querés algo de tomar? —me ofreció Camila, mientras se le acercaba una chica que la saludó con un beso más que amistoso.
    
    Tomé una copa de vino espumoso y me quedé en una esquina, observando. Sentía las mejillas calientes, la piel más sensible, como si el ambiente entero me rozara.
    
    Un hombre alto, de ...
    ... barba prolija, se acercó.
    
    —¿Primera vez? —me preguntó con voz suave.
    
    —¿Se nota tanto? —le dije, con una sonrisa tensa.
    
    —No lo digo como algo malo. Es hermoso ver a alguien descubriendo este mundo.
    
    —Solo vine a mirar —aclaré.
    
    —Mirar también es jugar —dijo él, y me guiñó un ojo antes de alejarse.
    
    Me quedé helada. Respiré hondo. Camila pasó a mi lado, dándome un toque con el hombro.
    
    —¿Todo bien? —preguntó.
    
    —Todo… muy intenso.
    
    —¿Te gusta?
    
    —No sé. Me confunde. Pero me excita —confesé, con un hilo de voz.
    
    En eso, lo vi. Marcus estaba en el fondo, vestido con una camisa negra arremangada, pantalón ajustado. No hacía nada fuera de lugar, solo observaba… pero sus ojos se clavaron en los míos y mi cuerpo reaccionó solo.
    
    Hubo otros intentos de seducción. Una mujer preciosa se me acercó, me elogió el perfume y me dijo que le encantaría bailar conmigo. Un hombre me ofreció “mostrarme algo interesante” en una de las habitaciones privadas.
    
    Yo sonreía, agradecía, pero no. Algo dentro mío me decía que no era con ellos. Que si en algún momento iba a perder el control, tenía que ser con él.
    
    Cuando sentí que la cabeza me ardía de tanto estímulo, salí al patio a tomar aire. Estaba oscuro, pero sentí que alguien se me acercaba. Me giré. Marcus.
    
    —¿Estás bien? —me preguntó, serio.
    
    —Sí… creo —dije, con una sonrisa cansada.
    
    —¿Querés que te lleve?
    
    Lo miré. No lo pensé. Asentí.
    
    —Sí. Llevame.
    
    El auto avanzaba por las calles oscuras. Marcus tenía ...
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