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Este no es mi dermatólogo
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: elzorro, Fuente: CuentoRelatos
Raúl fue directo del trabajo al dermatólogo, ya que le pillaba cerca. Tenía algunos granos en el pecho y un lunar al lado del ombligo que, a su juicio, necesitaba ser revisado por un profesional. Y el señor Ricardo, su dermatólogo, era uno de los buenos. Llegó con diez minutos de antelación y tomó asiento en una silla de plástico pegada a una pared. A esa hora, solo había dos pacientes más esperando, un chico más joven que él y una mujer delgada con falda larga y pelo rizado. Estaba nervioso o más que nervioso, algo indeciso. Siempre le habían revisado la espalda, los brazos, pero en aquella ocasión había más. Aflojó la corbata y desabrochó la chaqueta del traje. Luego, mientras miraba al suelo, a sus zapatos de vestir negros, pensó en ello. Tenía un grano en la nalga, un grano que, de vez en cuando, picaba. Lo había observado en el espejo del baño después de ducharse. Lo más prudente sería decírselo al doctor. Cuando volvió a la realidad, notó que ya no había nadie esperando. Y solo un minuto después, la mujer de falda salió del despacho. La luz parpadeó mostrando en la pantalla su número. Se levantó. Entró en el cuarto y dijo sin pensarlo. -Perdone, creo que me he equivocado, yo tenía cita con Ricardo. La chica que se sentaba al otro lado de la mesa era joven, muy joven. Y atractiva. -No, no te has equivocado. Esta es la consulta de Ricardo. Pero está fuera. Ricardo asintió tragando saliva. -Y bien, ¿qué le pasa? O bueno, ¿qué te ...
... pasa? Raúl, que había estado ensayando su parte, le contó sobre el lunar, los granos en el pecho y luego, bajando la voz y acelerando le comentó lo del grano en el glúteo quitándole importancia. La dermatóloga le miró, apartó un mechón de pelo con su mano y respondió de forma escueta. -ya veo. Luego, con decisión, se levantó de la silla, abrió un cajón y sacó un par de guantes azules. -Está bien Raúl, pase por aquí por favor. -dijo señalando un sitio detrás de un biombo. El paciente se puso en pie y fue a dónde le dijeron. Tras el biombo había una silla de metal blanca. El hombre se quitó la chaqueta y la corbata y comenzó a desabrochar la camisa. La doctora se acercó tras el biombo. Era curioso. Estaban solos en la habitación y aun así, iban detrás de un biombo. La chica pareció leer el pensamiento del paciente. -Me gusta la privacidad. Hay veces que entra alguien sin permiso y es mejor… Raúl terminó de quitarse la camisa. Hacía ejercicio regularmente aun así su abdomen no tenía la famosa “tableta de chocolate”, por lo menos, eso sí, no tenía apenas barriga. La doctora echó un ojo al lunar, a los granos del pecho y luego se colocó tras él. -Desnúdese por favor. Raúl dudo un instante. -Se refiere a bajarme los pantalones. -Y los calzoncillos. Quiero que se desnude por completo para poder hacer un examen exhaustivo. Raúl comprendió por primera vez lo del biombo y tragando saliva, obedeció sin demasiada ceremonia. Total, ya ...