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Rebecca negocia el alquiler (parte I)
Fecha: 13/02/2026, Categorías: Hetero Autor: jnrel, Fuente: CuentoRelatos
Rebecca se había criado como hija adoptiva de una familia acomodada, era la niña mimada y protegida por todos. Su piel trigueña y belleza mestiza, contrastaba con la tez casi pálida de sus progenitores y hermanos. Había sido muy bien educada y muy bien aprendida, siempre moviéndose por los cánones morales correctos. Con su determinación y buena conducta logró recibirse de abogada con 24 años y convertirse en el orgullo de toda su familia Sin embargo, ya estaba cansada y la vida la encontraba en una situación diferente. Como inmigrante en España y bastante frustrada a sus 30 años, estaba desarrollando una personalidad que había reprimido durante años. La misma actitud y determinación que la llevaron a obtener su título, ahora la utilizaba para obtener lo que quería a toda costa. Un poco alejada de la corrección moral inculcada por sus padres, ahora aprovechaba sus habilidades de seducción y sensualidad natural. Sabía que tenía poder sobre el sexo masculino, y disfrutaba de ejercerlo. Su sonrisa tan simpática como sugerente, su profunda mirada de ojos marrones y sus labios carnosos lograban obtener frutos simplemente con un gesto. Ni que hablar si dejaba ver sus extravagantes pechos, con un tamaño casi que desproporcionado para su metro sesenta de altura. Aunque con los años había descubierto que en ocasiones surgía más efecto intentar tapar sus inocultables senos y dejar su moreno abdomen al descubierto, para que la imaginación masculina hiciera el resto del trabajo ...
... en la cabeza del observador. Gracias a estos dotes, Rebecca no pagaba alquiler hacía cuatro meses. Hans, el viejo alemán dueño del piso, llegaba todos los lunes a primera hora para obtener su “pago”. Un pudiente jubilado de 72 años que había elegido terminar su vida cobrando rentas frente al mediterráneo, y disfrutando del sexo pago con mujeres mucho más jóvenes que él. Para Rebecca era la definición de un viejo degenerado, es decir, una oportunidad que no podía dejar pasar. Ya casi no existía interacción en su rutina semanal. Hans tocaba la puerta, al entrar le daba un beso a Rebecca, le ojeaba las tetas y le daba una nalgada. Se destapaba una cerveza y desparramaba su enorme y robusto cuerpo en el sillón de un cuerpo. Rebecca, que con suerte había alcanzado lavarse la cara, forzaba una simpática sonrisa y se acercaba todavía un poco dormida o con resaca de las copas del fin de semana. Se arrodillaba, desabrochaba el pantalón y dejaba caer el descuidado miembro de tamaño estándar de Hans. Rebecca ya tenía el proceso automatizado para hacerlo acabar. Tomaba el pene con una mano y lo masajeaba, mientras se inclinaba para comer sus huevos peludos, lo que le aseguraba una erección casi instantánea. Desde ahí era todo más fácil: ensayaba el mejor "fellatio" que podía dar a las 8 de la mañana y cuando creía que había sido suficiente, le alcanzaba con mirar a Hans profundamente a los ojos, mientras frotaba sus enormes senos contra las piernas del viejo y actuaba algunos ...